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EDUCACIÓN: NIÑOS REBELDES: EL "NO" POR SISTEMA

Niños rebeldes: El 'NO' por sistema

La actitud rebelde e impulsiva más allá de la primera infancia puede esconder un trastorno del comportamiento

Los padres que se enfrentan a la actitud rebelde de sus hijos durante la infancia deben identificarla como una parte más de su desarrollo, y no como un problema. Incluso es beneficioso que lo entiendan como una oportunidad para inculcar los valores educativos que permitirán al pequeño evolucionar, de forma que vaya incorporando las normas de comportamiento en su código de conducta, además de aprender a relacionarse de forma correcta con su entorno. Sin embargo, cuando este comportamiento transgresor y hostil va más allá de la primera infancia (entre los cero y seis años) puede ser un indicador de que algo no funciona como corresponde.

Una vez superada la primera infancia, si un niño mantiene comportamientos rebeldes y desafiantes capaces de alterar el ambiente familiar por su intensidad y frecuencia es posible que esté gestando el Trastorno Negativista Desafiante (TND), que se manifiesta con una rebeldía constante hacia cualquier tipo de norma y autoridad impuesta por un adulto y puede desencadenar en una actitud hostil. Ante esta situación, muchos padres se sienten incapaces de fijar límites razonables a sus hijos al tener que lidiar de manera constante con un niño que se muestra desafiante y no acepta su autoridad.

La desesperación de los padres

Una conducta especialmente transgresora y hostil hacia los padres es interpretada por los psicólogos, en general, como el reflejo de que la maduración del niño no sigue su curso normal. Este Trastorno Negativista Desafiante se asocia a una inmadurez emocional que debería haberse superado en las primeras etapas de la infancia, y provoca que el niño reaccione con comportamientos propios de edades más infantiles porque no es capaz de gestionar sus emociones. Y lo hace de la única forma que sabe: mediante una actitud cargada de rebeldía y contrariedad hacia las normas establecidas, que llega a superar la paciencia de padres y educadores.

Esta postura, que puede mantenerse incluso hasta la adolescencia, disminuye de intensidad en la edad adulta. Pero hay que tener en cuenta que durante la infancia y la adolescencia la actitud de los más jóvenes se caracteriza por un egocentrismo que puede reforzar ciertas conductas contrarias a la autoridad de los adultos. Este egocentrismo puede verse exagerado si la maduración emocional se encuentra estancada, de tal forma que no se asuma la importancia de unas normas de comportamiento comunes a todos que deben ser respetadas, sobre todo cuando supone la obligación de renunciar a los deseos hedonistas inmediatos.

En estos casos, los pequeños responden con ataques de ira e impaciencia que se relacionan con un sentido aún poco desarrollado: la tolerancia a la frustración. Los límites establecidos por los padres se viven como algo inaceptable y, por tanto, el niño desafía a la autoridad para salirse con la suya.

Esta actitud rebelde puede manifestarse de forma hostil con un enfado, gritos o llantos. Pero igualmente desafiante es una actuación pasiva, como no cumplir de manera sistemática con lo establecido, no escuchar los razonamientos del adulto de forma deliberada e, incluso, manifestar quejas recurrentes que sirven de excusa para no cumplir con cualquier sugerencia de los padres.

Del negativismo a la transgresión

Con una actitud tan negativa es más que probable que el ambiente familiar se vea perjudicado. Este comportamiento, por intolerante, puede traspasar los límites de la familia y verse reflejado en la escuela u otros ámbitos y hacer que la conducta negativista afecte a la mayoría de ambientes donde primen unas normas que todos deben cumplir. Es habitual que las situaciones que se generan con un niño desafiante pongan a prueba la paciencia de padres y personas encargadas de la educación. La consecuencia es que desencadenan actitudes negativas con gran facilidad también en los adultos que, por no tener recursos efectivos para que los pequeños sigan las normas establecidas, aplicarán sanciones de forma recurrente, endurecerán su criterio y aumentarán el número y la intensidad de los castigos.

Las constantes disputas se convierten así en rutina, de forma que se genera un círculo en el que las conductas transgresoras y hostiles de los pequeños se refuerzan y automatizan ante la impotencia y desesperación de los padres. Teniendo en cuenta que este trastorno tiene que ver con el desarrollo de la madurez emocional, es importante solicitar lo antes posible la ayuda de un especialista que asesore a los padres en la recuperación del proceso madurativo que corresponde por edad. Así se podrán evitar posibles trastornos de conducta en el futuro y la vida familiar transcurrirá con normalidad.

El Trastorno Negativista Desafiante se relaciona con actitudes que forman parte a su vez de otras alteraciones, como el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDHA). En ambos se observan comportamientos en los que los adultos se sienten incapaces de controlar el comportamiento de sus hijos. El mismo patrón sigue el Trastorno Disocial, relacionado con conductas poco aceptadas, transgresoras y fuera de las normas sociales. En este caso, los individuos, además, son poco empáticos.

Cuando las normas...

...no están claras

  • El Trastorno Negativista Desafiante se da, en la mayoría de los casos, en contextos en los que las normas son difusas y el pequeño no tiene muy claro cuáles tiene que cumplir. Por ello es fundamental que los padres acuerden no sólo los límites que sus hijos deben respetar sino que además tienen que quedar bien claros. La mejor forma de llevarlo a cabo es hacer cumplir con perseverancia las normas que se inculcan y evitar que su aplicación sea inconstante o que los progenitores se contradigan.
  • Si los padres consideran que hay que sancionar las conductas negativistas de sus hijos deberán mantener en firme dicha sanción hasta el final y evitar que la actitud rebelde llegue a agotarles y no se acabe cumpliendo lo prometido. De ser así, reforzaría aún más el comportamiento negativista: el niño entendería que transgredir las normas no tiene consecuencias y que, por tanto, puede desafiar la autoridad de los padres. No obstante, esto no quiere decir que el castigo sea una constante, sino que el cumplimiento de aquél que se imponga debe ser real. De lo contrario, los padres -de manera inconsciente- pierden su credibilidad y es entonces cuando los niños entienden que da lo mismo cumplir con las normas establecidas en casa porque al final se salen con la suya.

...son demasiado estrictas

  • Las familias con normas excesivamente estrictas y sancionadoras, incluso con transgresiones propias de la edad, corren el riesgo de que sus pequeños se nieguen a cumplir de manera continuada los castigos por considerarlos injustos y excesivos. Aunque su actitud rebelde pueda estar más justificada en este caso, es probable que se desarrolle y mantenga una actitud negativa hacia cualquier imposición de los padres sólo por haber automatizado una respuesta negativa a las normas, sin distinguir si son justas o no. Por ello se aconseja que las familias que establecen límites demasiado rígidos eviten sancionar a los niños de forma automática y, sobre todo, que trabajen en reforzar los aspectos positivos de su conducta.

Obtenido de http://revista.consumer.es/web/es/20090101/interiormente/

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EDUCACIÓN: ¿POR QUÉ LOS JOVENES SE REBELAN?

¿POR QUE LOS JOVENES SE REBELAN?

por Elmer N. Dunlap Rouse

El papá de Maritza era ministro de una ciudad grande, pero se mudó a un pueblo pequeño para trabajar con una iglesia. En la iglesia anterior de la ciudad, Maritza era una de las jóvenes más activas y estaba muy orgullosa de su padre y todos eran felices. Pero en la nueva iglesia del pueblo pequeño, todo era muy diferente. Era una iglesia introvertida, sospechosa y cerrada a la aceptación de nuevas personas. Era un pueblo donde todos conocían los asuntos de todos los demás. Sucedió que Maritza se sentía más cómoda con los Jóvenes del mundo que con los de la iglesia ya que los del mundo la trataban mejor que los jóvenes de la iglesia. Pronto la iglesia fue escandalizada de que la hija del ministro corría con los del mundo. Sus padres confiaban en ella, pero ahora habían muchos miembros hablando.

Todo llegó a una crisis cuando un joven del mundo la invitó a una fiesta. Molesta por la actitud de los de su iglesia, ella aceptó. Su mamá le prohibió ir. Maritza pensaba, "¿No soy yo suficientemente adulta para escoger mis amistades?" En medio de una discusión, se fue de la casa. Descalza, caminaba sin saber hacia dónde se dirigía y pasó la noche en un carro abandonado. Aquella noche sus padres no durmieron sino que experimentaron la angustia y el pánico mayor de sus vidas, ya que Maritza era su única hija. Por la mañana Maritza apareció al ser encontrada por uno que recogía la basura. Aunque Maritza regresó a su casa, sus padres siguieron torturados con la pregunta de en qué habían fallado a su hija.

Así como los padres de Maritza, muchos padres no pueden comprenderla rebelión en su hijo. Frustrados por desconocer lo que pasa, sólo aumentan la distancia entre ellos y el hijo rebelde. Para poder ayudar al hijo, hay que mantener una relación de amor, no importa lo que venga. El orgullo de familia tiene que echarse al lado si es que queremos rescatar el futuro. Sentirse ofendido por lo que el hijo haya hecho no remedia nada. Reacciones e insultos, amenazas, dimes y diretes y hasta la violencia no resuelven nada sino sólo alejan más a las personas que más necesitan de nuestro amor. Un padre sabio pensaría largo rato antes de proceder. Tomaría tiempo para dominar las emociones, especialmente cuando un hijo cuestione la autoridad de sus padres.

Todo padre debe hacer distinción entre dos cosas: la necesaria supervisión de un adolescente y la libre determinación de un joven que rápidamente se está acercando a ser adulto. Además, el adolescente juzga lo que sus padres le dicen, que si lo dicen por amor al hijo, por lo que más le convenga al hijo, o si los padres sólo quieren hacer lo que mejor les convenga a ellos. Los jóvenes se sienten frustrados muchas veces por la confusión que trae la adolescencia. No saben si son niños o adultos y muchas veces quieren que se les trate como a adultos sin ellos aceptar las responsabilidades de adulto. Tienen un cuerpo ya capaz de hacer todo lo que hacen los adultos pero no tiene la madurez para funcionar como adulto. Todos los días el adolescente se pregunta "¿Quién soy yo?" y se apura por ser adulto. Constantemente compara a sus padres con los padres de sus amistades y no entiende por qué no puede hacer todo lo que hacen dichas amistades. Rebelarse contra la autoridad de los padres es un pecado, por cierto, pero es de esperarse donde no existe una relación sana de diálogo, amor y discernimiento de parte de los, padres.

Al contrario, el trabajo de los padres es criar al hijo, ayudarlo a encontrarse e iluminar su camino hacia la libertad de tomar su lugar entre la sociedad de adultos. Padres que quieren mantener al hijo siempre en la condición de niño pierden tanto la relación como también el respeto. Los padres tiene que decidir si quieren amarrarle los zapatos al hijo para siempre, haciéndolo dependiente a ellos o si quieren enseñar al hijo a amarrarse su propios zapatos, haciéndolo independiente de sus padres pero no independiente de una relación con ellos.

Para mantener una relación, tiene que haber tanto amor como respeto. Si para recibir amor hay que dar amor, es también cierto que para recibir respeto, hay que ser respetuoso con los demás. Cuando un hijo consiguió trabajo en el verano, su madre, sin pensar, dijo: "Ahora tu puedes pagar por tu cuarto y por tu comida para que sepas lo mucho que nos cuestas". El hijo respondió, "Parece que ya no pertenezco aquí` ". La madre sólo pensaba en estar cansado de trabajar por uno hijos que nunca le agradecían a ella por sus sacrificios. Habló por lo que le convenía a ella y no por lo que le convenía decir a un hijo que no piensa. El hijo se rebeló. Otra madre más madura decidió que ella hablaba demasiado, que a sus hijos les parecía que los acosaba y los molestaba. Al aguantar la lengua cuando ella se sentía frustrada, notaba que su relación con sus hijos empezaba a mejorar. Tanto ella como sus hijos empezaron a expresar su agradecimiento por cosas muy sencillas. El momento más triunfante fue cuando su hijo menor, el más rebelde, se entregó a Dios un domingo en la iglesia.

Vamos a enumerar las razones de los jóvenes por rebelarse con los padres. Estos son las cosas que más molestan a los jóvenes.

1. No me respetan. No respetan a mis amigos, mis decisiones, ni mi privacidad. Rebuscan en mis cosas. Me hacen pasar bochornos frente a mis amistades. Me gritan.

2. No me quieren escuchar. Por esto yo prefiero contar mis problemas a mis amigos que a mis padres.

3. Mis padres son inflexibles. Nunca admiten la culpa. Nunca se disculpan. Con mis padres no se puede hablar. Es imposible. Siempre me están obligando. Creen que lo saben todo.

4. No confían en mi. Creen que soy un pillo y un mentiroso. No me quieren dejar usar el carro. Siempre tengo que dar cuenta y explicar dónde yo estaba y qué yo hacía. Siempre sospechan lo peor.

5. Yo no entiendo a mis padres. Dicen una cosa y hacen otra. Me confunden. No se les puede creer porque dicen que hasta aquí yo puedo llegar y yo sé que paso y no me hacen nada. Mi padre dice una cosa y mi mamá dice otra. Son hipócritas porque me hacen obedecer reglas que no aplican a ellos.

Pablo dijo "Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor" (Ef. 6:4). También 'dijo, "Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten" (Col. 3:21). Hay muchas familias donde los hijos se crian sin rebelión. Son familias sanas unidas por amor y mutuo respeto. Los hijos no tienen que rebelarse para hacer su vida. No hay ninguna razón por qué tu familia no puede también ser feliz y todo lo que Dios quiera. Si tu, como padre, o tu, como madre, lees estas palabras y no eres cristiano, esto debe ser el primer paso para ayudar a tu familia aceptar a Cristo. Nuestro Salvador nos dijo: "Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia" (Jn. 10:10). Tu puedes dar dinero y muchas otras cosas a tus hijos, pero hasta que no les des un padre o madre cristiano, te quedas corto.

Obtenido de http://www.iglesiadecristo.com/estudios/rebelde.html

EDUCACIÓN: DEJARSE CONVENCER. ¿ALGUNA VEZ TE HAN INTENTADO CONVENCER DE ALGO? ¿ESCUCHAS O TIENES TU PROPIO CRITERIO DE LAS COSAS?

Dejarse convencer
Dejarse convencer por las razones de otros es muchas veces una muestra de inteligencia y de rectitud
 
Dejarse convencer
Dejarse convencer

Platón, en uno de sus “Diálogos”, plantea una interesante discusión entre Sócrates y Calicles sobre la fuerza de la razón. Calicles rechaza la moralidad convencional y defiende otra basada en la ley del más fuerte. Asegura que esa ley es la que impera en la naturaleza, y la que realmente procede de ella. Hacer el mal –sostiene Calicles– puede ser vergonzoso desde el punto de vista de los convencionalismos sociales, pero esos convencionalismos proceden de una moral gregaria, establecida por los débiles para defenderse de los fuertes. Los débiles, que son la mayoría, se juntan para modelar y esclavizar a los mejores y más fuertes de los hombres y proclaman como justas las acciones más convenientes para ellos.

A lo largo del diálogo, Calicles se va quedando sin argumentos ante las objeciones que le hacen, pero no deja de defender cínicamente sus ideas. Dice que los fuertes saben bien que, si hace falta, pueden cometer una injusticia con otros, porque esa es la justicia del fuerte. En un momento dado empieza a dar la razón a Sócrates, pero enseguida se desdice y asegura que no le interesa seguir hablando, porque no está dispuesto a ser persuadido por las razones de nadie, sino que recurriría a la fuerza para imponer las suyas. Y continúa con afirmaciones y planteamientos que hoy, dos mil quinientos años después, nos recuerdan muchas frases que fueron recogidas casi textualmente por Nietzsche, y puestas después en práctica por el nazismo y otras doctrinas basadas en sus tesis nihilistas.

Pienso que lo más trágico en la historia de Calicles no son sus ideas intolerantes y violentas, sino que lo peor es su total falta de receptividad ante cualquier argumentación: eso es lo que blinda su terrible error y le impide salir de él.

Y esa es, lamentablemente, la actitud con que a veces blindamos nuestros defectos y nuestras incoherencias en pequeños detalles de la vida diaria. Quizá, cuando vemos que nuestras razones no tienen suficiente peso, en vez de analizarlas de nuevo, o buscar otras que las refuercen o mejoren, o buscar consejo en quien pueda ayudarnos a comprenderlas o explicarlas mejor, tendemos a cerrarnos en banda ante las razones de los demás.

Dejarse convencer por las razones de otros es muchas veces –no siempre, parece obvio decirlo– una muestra de inteligencia y de rectitud. Nuestra inteligencia se manifiesta no sólo cuando argumentamos, sino también cuando aceptamos y comprendemos los argumentos de los demás. Por eso la educación tiene tanto que ver con ese hacernos receptivos a los razonamientos de otros. Lo razonable es aceptar que nuestra razón se ha de enriquecer con la razón de otros, con la consideración y aceptación de otros puntos de vista, otros fines, otros objetivos, otras valoraciones.

Para desarrollar realmente nuestra capacidad intelectual es preciso desarrollar nuestra capacidad de escucha. Debemos aspirar a ser persuadidos por argumentos, no sólo persuadir a los demás con nuestros argumentos. Por eso, si tenemos muy claras nuestras razones, pero tendemos a ver muy poco claras las razones de los demás, quizá es porque hace tiempo que hemos limitado mucho nuestra capacidad de aprender.

Buena parte de la culpa de ese fenómeno está quizá en que aceptar que uno ha sido persuadido por las razones de otro suele estar mal visto. Como si cambiar de opinión supusiera un escaso uso de la razón. El mundo está lleno de personas que se enorgullecen de pensar lo mismo que pensaban hace veinte o treinta años, y en algunos casos eso puede ser una manifestación de sensatez y fidelidad a los propios principios, pero en otros muchos probablemente demuestre que ni ahora ni entonces han pensado demasiado. Parecen invulnerables a cualquier argumentación, y eso no es algo de lo que se deba presumir.

Obtenido de http://www.es.catholic.net/familiayvida/158/320/articulo.php?id=18270

EDUCACIÓN: TENER CRITERIO. LA IMPORTANCIA DE TENER CRITERIO ( Juicio o discernimiento)

El valor de tener criterio propio  
 

12:48 PM -

La historia universal registra que a los “lideres”  no les gustan los hombres con criterio propio (pero como toda regla, debió y debe haber tenido su excepción). Algunos biógrafos afirman tener la confesión de primera mano, e incluso, de que fueron testigos de rabietas, insultos, vejaciones y enojos desmedidos por una declaración, una idea, un planteamiento, una sombra, un ejercicio de democracia, o simplemente, una postura. Por ejemplo, en nuestro país: el cuento de la generación “atrapada”.

No descarto que esto haya sido  así, pero más que al líder yo cuestionaría al se sometió (o se somete) a semejante crucifixión para complacer un liderazgo. Pero también, hay gente (común y corriente) que se molestan cuando no pueden influenciar ni narigonear a los demás. Son los segundones de la periferia.

Si algún respeto y consideración de algún líder he de merecer, alguna vez, espero que sea por mi honestidad y franqueza al exponer una idea, al cumplir cabalmente con una labor (un trabajo o una función), al defender y promover con ahínco y tolerancia un proyecto, una empresa, o una promesa. Pero jamás permitiría que alguien ande con mi cabeza. De esa (mi cabeza), soy dueño absoluto. Por ello, siempre he sido alérgico a las logias.

Igual en un partido político donde se ejerza el centralismo democrático. No hay que fingir ni camuflagiar ideas ni simpatías. Simplemente si le toca estar en minoría (porque perdió una contienda o porque sus posiciones e ideas no son acompañada, esto es el ABC de la política) no se asuste y asúmala con entereza y apego a lo institucional. De lo contrario, póngase a llorar o maldecir a sus compañeros de partido porque decidieron también ejercer su derecho de estar en mayoría. En última instancia, esa postura (la de no aceptar estar en minoría), solo delataría pobreza de espíritu, de fortaleza y falta de convicción democrática. Contrario, lo que jamás se debe hacer en un partido político es no ser consecuente con su causa (que es la de cada miembro) que puede ser: la liberación de un pueblo, una reforma o un triunfo electoral.

La independencia de criterio es un atributo personal, que habla muy bien de una persona porque la hace responsable de lo que piensa y de lo que dice, y también, por supuesto, de las consecuencias que ello implica. No me imagino con un zíper en la boca; aunque si sé bien callar cuando hay que callar para no hacerle el juego a ingenuos y hazmerreír. Aunque sé también, que hay guapetones que nunca van a la guerra. Mientras tanto, pueden venir por mi cabeza (eso si: soy inmune a bellaquerías y tramoyas, que siempre maquinan y alientan chapuceros y analfabetos políticos).

Lo digo (lo de chapuceros y analfabetos políticos), porque en este mundo hay gente que van siempre hacía donde sopla el viento, y en ese trayecto (viaje), van ligero de equipaje y dispuesto a todo. Pero esas hojas no son de nadie, pues, generalmente navegan en coyunturas. En otras palabras, van y vienen movidos por alguna zafra o alguna una quimera. ¡Aves carroñas, pues!

Todo esto no quiere decir que una persona no sea capaz de asumir y respetar una decisión suprema, una instrucción, una orden, una sentencia o un compromiso. Eso no se discute, si emana de una autoridad legítimamente legal: un juez, un presidente, una máxima instancia partidaria, o la que surge de la intima convicción de un ciudadano pulcro y respetuoso de las leyes, por acto propio, en beneficio de una colectividad.

Por último, soy un respetuoso de las mayorías por convicción y formación; aunque sé que muchos sólo lo son cuando son mayoría. Porque cuando son minoría desconocen, se rebelan, siembran el caos y no respetan nada (son huérfanos de formación y por demás, analfabetos políticos). Pero allá ellos. A mi me gusta vivir en democracia y defender “como gato panza arriba” mis ideas y mis principios. Por ello, cuando apoyo algo o ha alguien lo hago por convicción (que no significa, bajo ningún concepto, castración de pensamiento, hipoteca de por vida, ni mucho menos, mandar de vacaciones mi particular forma de ver, analizar y ponderar los fenómenos y las cosas) , o acatando  (como soy miembro de un partido político) una decisión mayoritaria. Por eso vivo en paz sin más riqueza que mis ideas. 

 

Autor: Francisco Crúz

Obtenido de http://www2.elnuevodiario.com.do/app/article.aspx?id=117833

EDUCACIÓN: ¿ERES MAESTRO O TAL VEZ TIENES PROPUESTAS EDUCATIVAS PARA LOS NIÑOS? SIMPLEMENTE, ¿LE EXIGES MÁS AL GOBIERNO EN MATERIA EDUCATIVA? AQUÍ PUEDES EXPRESARTE LIBREMENTE.

 Educación y libertad - Henri Hude

Una escuela es ante todo una asociación entre padres asociados y docentes asociados. Los padres esperan de los docentes que éstos instruyan a sus hijos y completen su educación con el mismo espíritu que preside en aquella que se les da en familia, si la familia cumple su función. Los padres retribuyen a los docentes en reconocimiento por el servicio que les proporcionan a ellos y a sus hijos.

En todo eso, la autoridad pública local, y con mayor razón el Estado, en teoría no tienen mucho que ver. Las familias -e indirectamente las empresas- son las verdaderas fuentes de financiamiento de los establecimientos escolares. Cuando el Estado se presenta como el mentor universal y la fuente de todo financiamiento de este orden, procede exactamente como un banquero que pretendiese regular los gastos y la vida de sus depositantes so pretexto de que sus pagos se efectúan a través suyo. Hasta nueva orden, el Estado no es propietario de los bienes de los ciudadanos ni el tutor de sus hijos.

Cuando el Estado se basa en su poder de financiamiento para arrogarse cualquier autoridad en este campo, comete un abuso de poder. Su rol consiste en velar por el mantenimiento de la justicia: verificar que los niños reciban buen trato y una enseñanza de calidad; que los padres no sean desposeídos de sus responsabilidades y no dimitan; que los profesores sean retribuidos equitativamente.

El Estado también debe velar por que los hijos de las clases más modestas reciban la mejor instrucción. Es en eso donde mejor se justifica su intervención. En la libertad de educación siempre existe el riesgo de fomentar el exceso de desigualdad y acentuar más de lo conveniente el carácter oligárquico de la sociedad. Por este motivo, la libertad de educación debe equilibrarse mediante opciones fiscales equitativas y en conformidad con el bien común, fuentes de buen entendimiento.

El Estado también debe velar por que la educación de los hijos nunca se convierta en una actividad lucrativa como las demás. El ideal sería que los establecimientos fuesen totalmente libres y en gran medida autofinanciados; pero este ideal sólo sería equitativo si dichos establecimientos estuviesen dotados de un estatuto original de actividad a su vez no lucrativa y por tanto sometida de alguna manera a las leyes del mercado en tanto éstas expresen la libertad de elección y no el juego mecánico de la formación de precios. Entre la pesadez socialista y el espíritu mercantil de los ultraliberales, hay espacio para fórmulas que combinarían la eficacia del espíritu de empresa y la libertad del mercado con la solidaridad social y el carácter desinteresado que es indispensable conservar en la actividad educativa.

Cuando el Estado hace beneficiarse de total gratuidad a un tipo de escuela excluyendo a las demás, impone un impuesto especial a todos los padres que, por motivos de los cuales sólo ellos son jueces, desean confiar sus hijos a otros tipos de escuelas que el Estado rehúsa financiar en las mismas condiciones. Esta política es contraria tanto al derecho de los padres como al principio de igualdad ante la tributación y a la libertad de conciencia.

La libertad de no ser despojado de los medios para financiar el tipo de educación que se desea para los hijos no es sino un corolario de la libertad de darles el tipo de educación que se considera mejor.

El seudoprogresismo se escandaliza en gran medida cuando se habla del derecho de los padres a educar a sus hijos.

De hecho, plantea en principio su fantasma de la libertad humana absoluta e incondiciona1, de donde deduce linealmente toda la serie de sus usurpaciones. Expliquemos.

Según este fantasma, la libertad humana es casi divina: en justicia, sería absoluta, total e incondicional. Por consiguiente, nada puede limitar la libertad absoluta del hombre, salvo la libertad no menos absoluta e incondicional de los demás hombres. En cuanto a lo que puede cubrir concretamente la fórmula de una libertad ilimitada, limitada por otra libertad ilimitada, sólo puede ser el derecho del más fuerte (felizmente moderado por el interés, la inercia, la costumbre y la simpatía). Este es el nuevo derecho del más fuerte, camuflado bajo la dominación de un derecho presuntamente nuevo. Pero sigamos.

Si los padres no tienen derecho a educar, ¿quién tiene ese derecho? ¿Los hijos mismos? Sería una contradicción en los términos. Evidentemente, será el Estado, e incluso el Estado que despoja a los padres de su derecho, es decir, el Estado seudoprogresista en su doble lógica, libertina y totalitaria.

Es preciso explicar esta doble lógica. Ella parte del espíritu libertino, enemigo declarado de toda verdad y todo valor objetivos. El libertino no puede soportar sentirse obstaculizado, y eso llega a hacerle insoportable la vida social, a la que no faltan múltiples relaciones y obligaciones mutuas. Le parece también que el estado natural del hombre debería ser la existencia individual asocial, donde cada uno viviría solo y –como dicen los ingleses- con su propia persona. Ésa es la lógica radicalmente individualista del espíritu libertino. Ahora bien, el libertino debe percatarse de que es imposible no vivir en sociedad. Querrá una sociedad radicalmente individualista. Esta aspiración no podría contentarse con una sociedad en la cual cada uno viviera sin la menor preocupación por los demás. En realidad, el individualismo sólo está satisfecho a partir del momento en que los múltiples individuos de la sociedad sólo constituyen un individuo, ya que únicamente de este modo desaparece realmente la alteridad apremiante; pero la fusión de todos los individuos en uno solo únicamente puede llevarse a cabo mediante la identificación moral de todos los individuos con una sola entidad moral, y es el Pueblo o el Estado: no tener voluntad sino en la voluntad general, no existir sino dentro del todo y por el mismo, identificado con el todo. Es así como el espíritu libertino, al fecundar la pasión igualitaria, se convierte en padre del totalitarismo.

Ésa es la lógica anarco-totalitaria del seudoprogresismo, o más bien sus dos lógicas, solidarias y antinómicas a la vez.

Esas dos lógicas se desarrollan con rigor en los espíritus dominados por un fantasma de libertad destructor del concepto y la idea de la libertad. Es posible intentar moderar en cierto grado una de ellas con la otra, lo que a menudo redunda en conjugar sus malas acciones. Con más frecuencia, en Occidente, se somete la economía a la primera lógica y la educación y la cultura a la segunda. De allí los dos tipos de oligarcas, en lo temporal y lo espiritual, y el estético acuerdo entre ellos. Pásame el cuerpo y te dejo el alma. Entre las finanzas y el seudoprogresismo se produce una alianza de trono y altar.

La lógica del individualismo totalitario fue expuesta definitivamente por Jean-Jacques Rousseau en su Contrato social . El hombre –dice él- no es en esencia un ser social o comunitario. Por lo tanto, nunca es libre en sociedad ya que en ella encuentra obstáculos humanos para la libertad por naturaleza integral de un ser por naturaleza puramente individual, completo y perfecto en cuanto individuo. Por este motivo, al nacer en una sociedad, nace en cautiverio, aun cuando los jefes elegidos o el monarca fuesen los hombres más bonachones. ¿Cómo llegará a ser libre? Constituyendo con los demás mediante contrato un solo hiperindividuo con el cual se identifique totalmente cada uno de los individuos. De este modo se suprimirá la exterioridad y por consiguiente la dependencia y el apremio, estableciéndose por último en el estado civil el equivalente de la libertad absoluta de la cual supuestamente gozamos en el estado teórico natural. La realización política de estos bellos principios es la República robespierrista.

Ésa es la lógica desplegada plenamente en el discurso seudoprogresista en materia de educación. El niño es considerado un individuo aislado y en cierto modo perfecto. El acto de educar siempre corre el riesgo de ser una agresión a la libertad del niño, que debe crear su propia verdad, su moral, inventar su cultura o reinventar ab ovo cuarenta mil años de cultura humana. Por cuanto para el niño la sociedad familiar no es producto de un contrato, por definición es una sociedad alienante, y es conveniente integrar lo más pronto posible al niño en el Estado, que por ser la sociedad generada por el contrato social, es ipso facto la sociedad de libertad. Por lo tanto, el Estado tendrá el derecho exclusivo de educar a los niños, lo cual significa, en la misma lógica progresista, sustraerlos a las peligrosas tendencias opresivas, cuya presencia siempre podemos sospechar en la familia, para hacerlos sumergirse lo más pronto posible en la sociedad, donde se desarrollarán plenamente, recuperando en lo colectivo el elemento natural de su libertad.

De lo anterior también se desprende el dogmatismo extraordinario del progresismo en materia de programas y disciplina. Los alumnos, separados en grado máximo de familias dispersas durante todo el día y a menudo dislocados afectivamente, beben en tragos largos la sana doctrina del progresismo, se ejercitan en las buenas costumbres progresistas y adquieren los buenos hábitos que los harán ser durante su vida buenos ciudadanos (¿tal vez también fieles electores?) progresistas. Los profesores deben formarse en este mismo espíritu, etc.

Nada hay para responder a eso fuera de invocar el derecho imprescriptible de resistencia a la opresión.

La única manera de resistir al totalitarismo es recordar que todo hombre es por su esencia un ser de relación y el contrato social no podría tener como efecto constituir la sociedad, sino puramente contribuir con un consentimiento libre, racional y moralmente meritorio de cada uno a la existencia de una sociedad anterior a dicho consentimiento. Por cuanto esta sociedad está constituida por personas inteligentes y libres, las leyes deberán respetar ese carácter de las personas que constituyen la sociedad y se construyen ellas mismas constituyéndola.

Por el hecho de definirse al hombre como un ser natural, de relación y libertad, es evidente que los padres y los hijos ya no deben considerarse cara a cara como dos grupos de individuos, ni siquiera como iguales en la comunidad seudocontractual del Pueblo o el Estado, sino como seres unidos por una relación especialmente profunda, íntima, ontológica. Esta relación de paternidad o filiación incide en su ser, contribuye a definirlos y puede servirles de mediación en su camino hacia sus finalidades últimas.

En la medida en que el hombre medita sobre el misterio de su ser y su origen radical, en la medida en que esta búsqueda (no necesariamente metódica y especulativa, sino con mayor frecuencia intuitiva, vívida, existencial) realmente le atañe, en esa medida extiende también su meditación a su receptividad con respecto a sus propios padres, a su fecundidad y a su causalidad con respecto a esos seres procedentes de él, parecidos a él y que sin embargo se le escapan mediante la posesión incomunicable de su propio ser: sus hijos.

Cuando el hombre deja atrás la ilusión de un mundo quimérico, va más allá de una existencia en las apariencias y renueva relaciones de conocimiento verdadero con los seres como tales, de inmediato considera su paternidad o su maternidad, su fecundidad como parte esencial de su ser. Comprende que actúa y da no sólo por mera generación natural, sino mediante toda la acción educativa. Descubre su paternidad o su maternidad espiritual en primer lugar con respecto a sus propios hijos. En eso no hay un poder opresivo. Es la responsabilidad humana de primer orden, por la cual se descubre responsable de sus gestos, que se convierten en ejemplos, y de sus palabras, que se convierten en testimonios.

De nada sirve decir que sería preciso no influir en los hijos. Si eso fuese posible, también redundaría en influir en ellos, ya que se les enseñaría de facto que sólo habría un valor: el ideal de un desarrollo libre de toda influencia. Además, eso no se puede hacer. Para no influir en los hijos, habría que abandonarlos en medio de los bosques, no hablarles, no mostrarse ante ellos, no enseñarles nada. Así, la afectación de respetar su libertad incondicional y máxima los condicionaría a una reivindicación máxima de libertad incondicional. Se les entregaría una lección moral, pero de una moral al revés, que bajo una palabrería seudoprogresista sólo cubre la irresponsabilidad, la injusticia, el hedonismo.

El mal se ha transformado en el bien y el bien en el mal, pero siempre se dan lecciones morales a los hijos pequeños. La única diferencia es que antes les eran explicadas, con lo cual les quedaba un margen de reflexión, mientras hoy en día los manipulan sin decírselas y están totalmente alienados.

Como lo he observado cien veces, se inculcan tanto más principios que los que se pretende no inculcar. Es siempre la misma astucia, la misma manipulación, y los jóvenes ingenuos se dejan atrapar. ¿Cómo verían ellos toda la sustancia que se deduce de una forma vacía que se les hace aceptar a causa de su apariencia de vacuidad? Y esta forma de manejarlos halagando su pretensión de adolescentes de no depender de nadie, se llamará formación del espíritu crítico…

Simulando un carácter no directivo, esta educación insinúa todos los contenidos que se deducen sin dificultad de este único principio. En realidad, el carácter no directivo es la pedagogía totalitaria del progresismo totalitario, y es necesario denunciarla sin debilidad como lo que es: una forma de hacer entrar las ideas de contrabando bajo la apariencia de una práctica que pretende ser respeto y no es sino impostura.

¡Qué absurdo es concebir las relaciones entre los hombres únicamente en el modo fundamental de la desconfianza o la lucha por el reconocimiento y la independencia! Sólo crecemos en la amistad, la confianza y el amor, que son un compromiso y una relación, y una relación según el ser, profunda, interior, y que dura… Realmente, los totalitarios nada comprenden de la vida, los seudoprogresistas nada conocen del amor.

No habrá una reforma de la educación mientras los particulares no comprendan que la educación es, en primer término, problema de ellos en cuanto a su condición de padres. No deben delegar sus responsabilidades a los docentes ni al Estado. Sería preciso además que los dirigentes empresariales les dejen tiempo para ocuparse de sus hijos. Y sobretodo sería indispensable que los progenitores se liberen de complejos en relación con los disparates e imposturas del seudoprogresismo educacional.





* HENRI HUDE: Filósofo francés. Ex rector del College Stanislas, París. Miembro del Consejo de Consultores y Colaboradores de Revista Humanitas.

___________________________________________________________________________________

1 El fantasma libertario usurpa demasiado a menudo el lugar que le corresponde al concepto de libertad .

Es fácil describir este fantasma, pues basta agacharse para recogerlo en el arroyo de los lugares comunes. Seamos breves.

En materia de moral: se trata en primer lugar de estar en contra , no contra esto o aquello, sino en contra. A priori. La negatividad, primera verdad. Decir no por principio. Algo metafísico. El Absoluto es concebido como el Espíritu que dice No. Por tanto, simpatía espontánea por toda insubordinación, por toda honda, revuelta, rebelión, revolución. No se trata de saber quién se rebela contra quién, por qué motivo, con qué intenciones, de qué manera, etc. Viles consideraciones que huelen a reacción. Por cuanto el bien es la Libertad –escuchen- y en el Porvenir radiante ya no habrá poder, la rebelión, que por definición rechaza un poder, está necesariamente a favor de la Libertad, y por tanto es justa. No se trata de razonar. Se trata de reaccionar. ¡No a la represión! ¿Represión de quién, por quién, cómo? Preguntas de la derecha. Hay represión –le digo-, camine entonces o confiese que merece ser reprimido.

En materia intelectual, el fantasma es en primer lugar la hostilidad en relación con los profesores (a menos que sean libertarios, por supuesto), con la tradición, sobre todo si es razonable, con la verdad y muy especialmente con lo real, una especie de entidad manifiestamente reaccionaria a la que no se podría perdonar el hecho de existir.

¡Admirable doctrina! Cada uno puede ver los milagros que realiza cada día, por ejemplo, la multiplicación de los analfabetos. En realidad, Juan Pérez no necesita tratar de informarse de lo que existe puesto que crea el mundo y su orden inteligible cada vez que abre la boca. No tiene que llegar a ser responsable puesto que crea el bien y el mal en cada una de sus fantasías. No tiene que llegar a ser demócrata puesto que llama democracia al régimen de su arbitrariedad individual.



Revista Humanitas n 43

 

Obtenido de http://humanitas.cl/web/index.php?option=com_content&view=article&id=101%3Aeducacion-y-libertad-henri-hude&catid=47%3Aeducacion&Itemid=67

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EDUCACIÓN: EL SIGNIFICADO DE LA PALABRA "LIBERTAD". La libertad es un concepto muy amplio al que se le han dado numerosas interpretaciones por parte de diferentes filosofías y escuelas de pensamiento. Se suele considerar que la palabra libertad designa la facultad del ser humano que le permite decidir llevar a cabo o no una determinada acción según su inteligencia o voluntad. La libertad es aquella facultad que permite a otras facultades actuar y que está regida por la justicia,esta definición es propia de una sociedad o un Estado, el cual "obliga" a las personas a regirse según un modelo estandar de conducta.

Diccionario de la lengua española © 2005 Espasa-Calpe:

libertad

  1. f. Facultad que tiene el ser humano de obrar o no obrar según su inteligencia y antojo.
  2. Estado o condición del que no está prisionero o sujeto a otro:
    libertad provisional.
  3. Falta de coacción y subordinación:
    trabajo con total libertad.
  4. Facultad que se disfruta en las naciones bien gobernadas, de hacer y decir cuanto no se oponga a las leyes ni a las buenas costumbres:
    libertad de expresión.
  5. Confianza, franqueza:
    puedes contármelo con toda libertad.
  6. Osada familiaridad. Más en pl.:
    se toma muchas libertades con el jefe.
  7. Falta de obligación:
    tienes libertad para asistir.
  8. Poder o privilegio que se otorga uno mismo.
    ♦ Se usa sobre todo con el verbo tomarse: me he tomado la libertad de traer un amigo.
  9. libertad condicional der. Beneficio de abandonar la prisión que puede concederse a los penados en el último periodo de su condena, y que está sometido a la posterior observancia de buena conducta.
  10. libertad provisional der. Beneficio del que gozan los procesados, tras fianza o no, que no son sometidos a prisión preventiva en tanto dura la causa o juicio.


Diccionario de la lengua española © 2005 Espasa-Calpe:

libertar

  1. tr. y prnl. Liberar, poner en libertad al que está atado o preso o al que se ve sujeto por una obligación moral:
    se libertó de sus secuestradores.


Preguntas en los foros con la(s) palabra(s) 'libertad' en el título:


'libertad' también aparece en estas entradas

aherrojar - anárquico - anarquismo - ancho - aprisionar - arresto - as - ataque - atentatorio - calle - campar - campeón - carta - cautivar - cautiverio - cimarrón - condicional - confinamiento - corsé - demoler - desahogo - descocarse - detención - detenido - dictadura - dueño - encadenar - esclavo - excarcelar - fianza - independencia - jansenismo - liberación - liberalismo - liberar - libertar - libertario - libertinaje - licencia - limitar - manumisión - manumitir - mediatizar - pascua - pedro - penar - permitir - preludio - presidio - preso

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EDUCACIÓN: ¿CREEN QUE EL EXCESO DE LIBERTAD ES BUENO?. Facultad que tiene el ser humano de obrar o no obrar según su inteligencia y antojo. 2.Estado o condición del que no está prisionero o sujeto a otro... (VER SIGNIFICADO DEL CONCEPTO)

Pregunta resuelta

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¿Creen que el exceso de libertad es bueno?,y tambien que diferencia hay entre libertad y lbertinaje?

Me refiero a el estado por ejemplo prohibir las drogas,o a los padres cuando impiden a sus hijos o los castigan.

Mejor respuesta - Elegida por la comunidad

¿Cuando es exceso de libertad?
La libertad absoluta es la anarquia. Sin leyes, sin gobierno. Haz lo que quieras. Pero si te roban te jodes porque no hay leyes en contra ni policia a la que recurrir.

La falta de libertad es la esclavitud. Solo puedes hacer lo que tu amo te permite.

Un medio tirando a la esclavitud es la libertad de una dictadura. Puedes hacer mas o menos lo que quieras siempre que no vayas contra el dictador.

Y por ultimo la libertad que hay ahora mas o menos. Puedes hacer lo que quieras siempre que no violes la libertad de otra persona.

Piensalo un poco y decide que grado de libertad te gusta mas.


El estado tiene que poner unas reglas. Y una de ellas es la prohibicion de las drogas. Yo la veo un poco absurda porque es una batalla eterna. Yo las legalizaria y que cada uno se mate como le de la gana. Total a dia de hoy puedes comprar lo que quieras cuando quieras. Seria lo mismo solo que pagando impuestos.

En cuanto a los padres impidiendo o castigando a sus hijos. Es totalmente necesario. La educacion y la disciplina solo se aprende cuando eres niño. Si tus padres no te enseñan y te corrijen pasa lo que vemos en los telediarios.

Saludos
Respuesta 2
¿Libertad o libertinaje?

Ambos conceptos nos parecen total y absolutamente semejantes, mas la sinonimia no podría ser más lejana a la realidad en este caso.

Recurramos al ilustre (aquí cabe la ironía) diccionario de la RAE para intentar arrojar algo de luz sobre el asunto.

Libertad: Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos.

Libertinaje: Desenfreno en las obras y en las palabras.

Veamos, partiendo de la base de que moralmente todo ser humano es libre podríamos llegar a la conclusión de que la diferencia esencial entre los términos anteriormente citados está marcada por la ética humana.

¿Qué está bien? ¿Qué está mal? ¿Qué criterio es el correcto? Ésa es la cuestión. Aquí tenemos la frontera entre el bien y el mal, el ying y el yang, la libertad y el libertinaje.

Preguntémonos: ¿Cómo somos de libres? ¿Cuándo dejamos de serlo y nuestro anhelo por la misma se excede y se transforma en libertinaje?

Yo podría aquí y ahora fugarme de la casa de mis padres e intentar subsistir en la lejanía, mas… ¿Cómo me buscaría la vida? Obviamente no podría, así pues hablamos de que yo, al igual que el resto de la humanidad en sus respectivos casos estamos indirectamente atados y prisioneros de nuestra realidad. Carecemos de esa libertad de la cual tanto alardeamos y, si nos atrevemos a transgredir los límites de lo que moralmente llamamos libertad, somos acusados de libertinaje.

¿Conclusión? Somos esclavos de nuestra propia existencia.
Respuesta3
Libertad: Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos.

Libertinaje: Desenfreno en las obras o en las palabras

Fuente(s):

Diccionario de la Real Academia Española
Respuesta 4
pues mikra amigo todo en exeso hace daño, simplemente analisa eso y veras que la libertad en exeso se llama libertinaje y esta mal
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EDUCACIÓN: TENER AUTONOMÍA. Autonomía (del griego auto, "uno mismo", y nomos, "norma") es, en términos generales, la capacidad de tomar decisiones sin ayuda de otro.

Autonomía y Ética



Ser autónomo significa gobernarse a sí mismo, determinar el propio destino, aceptar responsabilidad por las acciones y los sentimientos propios, deshacerse de patrones inaplicables e inapropiados para vivir en el aquí y el ahora.

Cada uno tiene la capacidad de obtener autonomía hasta cierto punto. Pero, a pesar que la autonomía es un derecho humano desde el nacimiento, pocos la consiguen realmente. Eric Berne decía: «El hombre nace libre, pero una de las primeras cosas que aprende es a hacer lo que se le dice y pasa el resto de su vida haciéndolo. Así, pues, su primera esclavización es a manos de sus padres. Él sigue sus instrucciones por siempre jamás, reteniendo el derecho, sólo en algunos casos, de escoger sus propios métodos, y consolándose a sí mismo con una ilusión de autonomía».

Una persona bajo la ilusión de autonomía piensa que ha cambiado de guión, pero, en realidad, ha cambiado solamente la escena, los personajes, el vestuario, etc., no lo esencial del drama. Por ejemplo, una persona programada por los padres para ser evangelista puede caer en las drogas, y entonces, con religioso celo, tratará de predicar a otros para que le sigan. El escoger su propio ambiente para predicar puede darle la ilusión de que es verdaderamente libre cuando, en realidad, él solamente ha disfrazado su esclavitud a las normas de sus padres.

Una persona verdaderamente autónoma, según Berne, «es la que demuestra la liberación o recuperación de tres capacidades: el conocimiento, la espontaneidad y la intimidad».

Conocimiento:

Conocimiento es saber qué está ocurriendo ahora. Una persona autónoma es consciente. Se desprende de las capas de contaminación de su ambiente y empieza a oír, ver, oler, tocar, gustar, estudiar y evaluar por sí misma. Se deshace de viejas opiniones que falsean su percepción actual, y percibe el mundo a través de su encuentro personal propio en vez de hacerlo en la forma en la que fue «enseñada» a hacerlo.

Sabiendo que es un ser temporal, la persona consciente aprecia la naturaleza ahora. Se percibe a sí misma como parte del universo que conoce y como parte del misterio de esos universos todavía por descubrir. Puede detenerse junto a un lago, contemplar una flor, sentir el viento en su rostro y experimentar una sensación de temor reverencial. Puede mirar a una puesta de sol y exclamar, «¡ Qué belleza !».

Una persona consciente escucha los mensajes de su propio cuerpo, sabiendo cuándo está preocupándose, relajándose, abriéndose, cerrándose a sí misma. Conoce su mundo interior de sentimientos y fantasías y no se avergüenza de ellos ni los teme.

Una persona consciente escucha también a los demás. Cuando los otros hablan, ella escucha y proporciona retroalimentación activa. No utiliza su energía psíquica para formular una crítica, desviar la conversación o planear mentalmente un contraataque. En vez de eso, intenta establecer un contacto genuino con la otra persona, aprendiendo el arte de hablar y de escuchar.

Una persona consciente está por completo presente. Su mente y su cuerpo responden al unísono al aquí y al ahora, Su cuerpo no está haciendo una cosa mientras su mente se concentra en algo diferente.

No usa palabras de enfado con una sonrisa en el rostro.

No frunce el ceño y regaña cuando la situación pide risas.

No termina apresuradamente una gira campestre para volver a algo que es
«verdaderamente importante»

No escribe mentalmente una carta de negocios mientras está haciendo el amor.

No repasa lo ocurrido en la noche anterior cuando está escribiendo esa importante carta en la oficina.

No se pone gafas color de rosa para evitar ver las cosas malas de la vida,

No toca el violín mientras arde Roma.

Una persona consciente sabe dónde está, qué está haciendo y qué es lo que siente respecto a ello. Como observó Abraham Lincoln: «Si pudiéramos saber primero dónde estamos y hacia dónde nos dirigimos, podríamos juzgar mejor qué hacer y cómo hacerlo».

El primer paso hacia la integración es el conocimiento de sí mismo. Cuando un individuo se hace consciente de que actúa como un tirano, o que está enfurruñado sin causa, puede decidir lo que desea hacer con su comportamiento. Puede conservarlo a sabiendas, o tirarlo al tacho de la basura.

Espontaneidad:

La espontaneidad es la libertad de escoger modelos conductuales. El individuo autónomo es espontáneo, flexible, y no tontamente impulsivo. Ve las muchas posibilidades que se abren ante él y usa el comportamiento que juzga apropiado a su situación y a sus fines.

Un individuo espontáneo está liberado. Escoge y acepta la responsabilidad por sus propias selecciones. Se libra a si mismo de la obligación de vivir un estilo de vida predeterminado. En cambio, aprende a enfrentarse con situaciones nuevas y a explorar nuevas maneras de pensar, sentir y responder. Incrementa y reevalúa constantemente su repertorio de posibles comportamientos,

El individuo espontáneo usa o recaptura su capacidad para decidir por sí mismo. Adopta sus propias decisiones en vez de permanecer a merced de su «suerte». A menos que una persona adopte decisiones, aunque éstas no sean siempre correctas, su poder de voluntad permanece sin dirección y su ética es confusa o inestable. La falta de decisión es mala, según Martin Buber. «Malo es el remolino sin dirección de las posibilidades humanas sin las cuales nada puede conseguirse y por las cuales, si éstas no toman dirección, sino que permanecen atrapadas en ellas mismas, todo sale mal». En este sentido, la persona autónoma es la que adopta decisiones que proporcionan una dirección determinada a sus propias posibilidades. Dentro de limitaciones reales, la persona es responsable de su propio destino, y ella lo sabe.

Decidir conscientemente por uno mismo es ser libre, a pesar de las características heredadas o de las influencias del ambiente. Viktor Frankl escribe: «El hombre, ciertamente, tiene instintos; pero esos instintos no le tienen a él. Nosotros no tenemos nada en contra de los instintos, ni en contra de que el hombre los acepte. Pero mantenemos que tal aceptación debe presuponer también la posibilidad de su rechazo. En otras palabras, debe haber libertad de decisión».

«En cuanto a lo heredado, la investigación sobre la herencia ha mostrado lo elevado que es el grado de libertad humana contra la predisposición. Por ejemplo, mellizos idénticos pueden estructurarse vidas diferentes basadas en predisposiciones idénticas.»

«En cuanto al ambiente, sabemos que no hace al hombre, pero que todo depende de lo que el hombre haga de él, de su actitud hacia él»

Un individuo debe hacer más, sin embargo, que adoptar una decisión. Debe actuar según su decisión, o ésta no tendrá sentido. Solamente cuando su ética interior y su conducta exterior estén de acuerdo y él sea congruente con ellas, será una persona completa. Una persona espontánea es libre para hacer «lo suyo», pero no a costa de los demás, a través de la explotación y/o de la indiferencia.

Intimidad:

Intimidad es expresar los sentimientos de cariño, ternura y dependencia de los demás, como lo haría un niño. Muchas personas sufren de la imposibilidad de expresar estos sentimientos. Maslow cree que esto es especialmente cierto de los norteamericanos: «Los norteamericanos necesitan muchos más terapeutas que el resto del mundo precisamente porque no saben cómo ser íntimos; no tienen amistades profundas, comparados con los europeos y, por lo tanto, no tienen amigos íntimos con quienes aliviarse a sí mismos».

Una persona autónoma arriesga tener amistades e intimidad cuando decide que eso es apropiado. Esto no es fácil para alguien que ha restringido sus sentimientos de afecto y no está acostumbrado a expresarlos, De hecho, puede sentirse incómodo, insincero, incluso cuando intenta por primera vez ir en contra de su antigua manera de ser. Sin embargo, lo intenta.

En el proceso de desarrollar su capacidad para la intimidad, el individuo se hace más abierto: aprende a "dejarse ir” , revela más de sí mismo dejando caer algunas de sus máscaras. Se abstiene de realizar transacciones con otros en formas que impidan intimidad. Permite que sus propias actitudes se revelen y anima a los demás para que hagan lo mismo. Proyecta sus propias posibilidades hacia el futuro como metas realistas que prestan dirección y propósito a su vida. Se sacrifica solamente cuando se trata de un valor menor con miras a un valor mayor, de acuerdo con su propia escala de valores. Él no está interesado en tener más, sino en ser más.

Ética:

Un proceso de integración de la persona sirve como un catalizador que la motiva a reevaluar su sistema actual de valores y a formular su propio código de ética. El hombre no tiene que estar esclavizado a su pasado, Puede superar influencias pasadas y responder en libertad. Puede volver a decidir qué está bien o mal, con base en acciones que preservan la salud y la dignidad de la persona y de la raza humana en general. Una postura ética refleja un respeto básico por uno mismo y por los demás. Es una postura que discrimina y reconoce tanto lo positivo como lo negativo. La protección, mejoría y bienestar de la gente, tanto como del mundo natural animado e inanimado, son los fundamentos sobre los que apoya una conducta ética.

Una decisión es ética si mejora el amor propio, desarrolla la integridad personal y la integridad en las relaciones, disuelve las barreras ficticias entre la gente, crea un núcleo de confianza genuina en uno mismo y en los demás, y facilita la realización de las posibilidades humanas sin originar daños a terceros.

Una decisión no es ética si, como resultado de ella, una persona es explotada y utilizada como un objeto; si la vida es amenazada para propósitos ulteriores; si se edifican barreras entre la gente; si las posibilidades humanas son despreciadas, aplastadas o pasadas por alto, y si no existe posibilidad de escoger libremente.

El sistema de valores de una persona puede ser juzgado por la forma en que ésta se relaciona con todas las cosas. La persona con ética establece una relación mejor,
práctica, factible e interesada con su ambiente total.

La supervivencia y el desarrollo continuo del hombre dependen no solamente de cómo efectúa transacciones con sus semejantes, sino también de cómo se relaciona con el resto de su medio ambiente. El mundo inanimado, que incluye rocas, agua y aire, y el mundo animado de las plantas y de los animales están a merced del hombre. Él tiene poder para disfrutados, mejorarlos o destruirlos. Cuando hace mal uso de ellos, contaminando el aire y las corrientes de agua, volviendo yerma la tierra, causando la extinción de especies animales, o alterando el equilibrio ecológico, es la existencia del hombre y su continuación como raza la que está, a la larga, amenazada. La explotación innecesaria por el hombre de su propio medio ambiente puede condenarle a un trágico final.

Una persona ética no descarta los problemas o su significado, Por el contrario, asume que ella junto con los demás puede resolverlos. Se ocupa de sus propios problemas personales, de los de la comunidad y de los problemas mundiales de interés general, como la superpoblación y las guerras que traen muerte y desesperanza a millones de personas. Reconoce que la apatía es consentimiento en asuntos como la mortalidad infantil, el maltratar niños, la decadencia urbana, y las prácticas injustas en asuntos laborales, educativos, y en la necesidad de viviendas. Se indigna ante los perjuicios y las injusticias sufridas por la humanidad e intenta hacer algo al respecto.

Se requiere valor para experimentar la libertad que viene con la autonomía, aceptar la intimidad y el encuentro directo con otras personas, permanecer firme frente a una causa impopular, escoger la autenticidad por sobre la aprobación y hacerlo una y otra vez; aceptar la responsabilidad por las propias decisiones y, desde luego, requiere valor ser la persona única que uno es realmente.

Los caminos nuevos son a menudo inciertos y, como dijo Robert Frost: «el valor es la virtud humana que más cuenta: el valor para actuar sin más base que un conocimiento limitado y una insuficiente evidencia. Eso es todo lo que tenemos».

Muriel James.



Extractado por Farid Azael de
M. James & D. Jongeward.- Nacidos para Triunfar.-

Más información:
Fromm, Erich.- La Revolución de la Esperanza.-Fondo Cultura Economica
Fromm, Erich.- El Arte de Amar.-Paidós,
Harris, Thomas,- Yo estoy bien. Tú estás bien.-Grijalbo.
Horney, Karen.- La Personalidad Neurótica de Nuestro Tiempo.-Paidós.

Obtenido de http://www.alcione.cl/nuevo/index.php?object_id=789

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