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SOCIOLOGÍA3: TRABAJO EN EQUIPO. Una de las condiciones de trabajo de tipo psicológico que más influye en los trabajadores de forma positiva es aquella que permite que haya compañerismo y trabajo en equipo en la empresa donde preste sus servicios, porque el trabajo en equipo puede dar muy buenos resultados; ya que normalmente estimula el entusiasmo para que salgan bien las tareas encomendadas.

Trabajo en equipo

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Símbolo de compañerismo y trabajo en equipo

Una de las condiciones de trabajo de tipo psicológico que más influye en los trabajadores de forma positiva es aquella que permite que haya compañerismo y trabajo en equipo en la empresa donde preste sus servicios, porque el trabajo en equipo puede dar muy buenos resultados; ya que normalmente estimula el entusiasmo para que salgan bien las tareas encomendadas.

Las empresas que fomentan entre los trabajadores un ambiente de armonía obtienen resultados beneficiosos. La empresa en efectividad y los trabajadores en sus relaciones sociales. El compañerismo se logra cuando hay trabajo y amistad.

En los equipos de trabajo, se elaboran unas reglas, que se deben respetar por todos los miembros del grupo. Son reglas de comportamiento establecidas por los miembros del equipo. Estas reglas proporcionan a cada individuo una base para predecir el comportamiento de los demás y preparar una respuesta apropiada. Incluyen los procedimientos empleados para interactuar con los demás. La función de las normas en un grupo es regular su situación como unidad organizada, así como las funciones de los miembros individuales.

La fuerza que integra al grupo y su cohesión se expresa en la solidaridad y el sentido de pertenencia al grupo que manifiestan sus componentes. Cuanto más cohesión existe, más probable es que el grupo comparta valores, actitudes y normas de conducta comunes El trabajar en equipo resulta provechoso no solo para una persona si no para todo el equipo involucrado. el trabajar en equipo nos traerá más satisfacción y nos hará mas sociables, también nos enseñará a respetar las ideas de los demás y ayudar a los compañeros si es que necesitan nuestra ayuda.

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Ventajas del trabajo en equipo [editar]

Entre las ventajas esenciales, que presentan el compañerismo y el trabajo en equipo, tanto para los individuos como para las organizaciones, se encuentran:

Para los individuos

  • Se trabaja con menos tensión al compartir los trabajos más duros y difíciles.
  • Se comparte la responsabilidad al buscar soluciones desde diferentes puntos de vista.
  • Es más gratificante por ser partícipe del trabajo bien hecho.
  • Se comparten los incentivos económicos y reconocimientos profesionales.
  • Puede influirse mejor en los demás ante las soluciones individuales que cada individuo tenga.
  • Se experimenta de forma más positiva la sensación de un trabajo bien hecho.
  • Las decisiones que se toman con la participación de todo el equipo tienen mayor aceptación que las decisiones tomadas por un solo individuo.
  • Se dispone de más información que cualquiera de sus miembros en forma separada.
  • El trabajo en grupo permite distintos puntos de vista a la hora de tomar una decisión. Esto enriquece el trabajo y minimiza las frustraciones.
  • Podemos intercambiar opiniones respetando las ideas de los demás:
  • Logra una mayor integracion entre las personas para poder conocer las aptitudes de los integrantes.

Para las empresas y organizaciones

  • Aumenta la calidad del trabajo al tomarse las decisiones por consenso.
  • Se fortalece el espíritu colectivista y el compromiso con la organización.
  • Se reducen los tiempos en las investigaciones al aportar y discutir en grupo las soluciones.
  • Disminuyen los gastos institucionales.
  • Existe un mayor conocimiento e información.
  • Surgen nuevas formas de abordar un problema.
  • Se comprenden mejor las decisiones.
  • Son más diversos los puntos de vista.
  • Hay una mayor aceptación de las soluciones.

Desventajas de la solución de problemas en equipo [editar]

El trabajo en equipo también presenta una serie de desventajas que hay que tener en consideración. Entre ellas, pueden referirse las siguientes:

  • Tomar las decisiones de forma prematura.
  • Que impere el dominio de pocas personas, en particular el de un líder.
  • Consumir mucho tiempo en reuniones discutiendo soluciones y acciones, retrasando su puesta en marcha.
  • Que existan presiones sobre miembros del equipo para aceptar soluciones.
  • Responsabilidad ambigua porque queda diluida en el grupo.

Para formar un equipo de trabajo es necesario considerar no sólo las capacidades intelectuales de sus posibles miembros sino también sus características socio-psicológicas y de personalidad de cada componente. Ciertos equipos se forman para realizar tareas concretas, otros para asesorar y otros para gestionar.

Una participación disfuncional en el equipo indica que algo marcha mal. Es entonces necesario un diagnóstico más profundo de la organización y de sus conflictos. Algunos ejemplos de participación disfuncional son:

  • La agresividad, bajo formas directas como la ironía, el desprecio, el acoso laboral, la hostilidad y la indiferencia.
  • El bloqueo desde actitudes negativas, la resistencia, la negación continua, el desacuerdo constante, la oposición a la lógica, la falta de cooperación, la obstrucción para impedir la feliz culminación del trabajo y el desvío de la atención hacia temas menos significativos.
  • La deserción, no estar presente física ni psicológicamente, aislarse y ausentarse sin razones.
  • La división, el exceso de llamado de atención, la necesidad imperiosa de atraer simpatía y de exhibir los éxitos.

En el trabajo en equipo y en el fomento del compañerismo es importante la función que realizan los líderes. Ellos trabajan para que exista acuerdo sobre los objetivos y que estos sean claros, así como que todos se sientan comprometidos e implicados con las tareas.[1]

Véase también: Acoso laboral

Referencias [editar]

  1. Gómez Mujica, Aleida y Acosta Rodríguez, Heriberto (10-10-2003): Acerca del trabajo en grupos o equipos, Biblioteca Virtual en Salud, Cuba [21-1-2008]

 

Véase también [editar]

Enlaces externos [editar]

SOCIOLÓGÍA3: APOYO MUTUO. El apoyo mutuo o ayuda mutua es un término que describe la cooperación, reciprocidad, y el trabajo en equipo que en el plano económico y político es uno de los principales enunciados del anarquismo. Suele significar el intercambio recíproco y voluntario de recursos, habilidades y servicios por un beneficio mutuo entre ambas partes. La teoría del apoyo mutuo sostiene que el objeto de la cooperación es beneficiar a los individuos que cooperan.

Apoyo mutuo

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Para el libro de Piotr Kropotkin, véase El apoyo mutuo.

El apoyo mutuo o ayuda mutua es un término que describe la cooperación, reciprocidad, y el trabajo en equipo que en el plano económico y político es uno de los principales enunciados del anarquismo. Suele significar el intercambio recíproco y voluntario de recursos, habilidades y servicios por un beneficio mutuo entre ambas partes. La teoría del apoyo mutuo sostiene que el objeto de la cooperación es beneficiar a los individuos que cooperan.

Se entiende cooperación como pacto interesado por todas las partes, así el concepto de apoyo mutuo sostiene que los pactos de asociación cooperativa son los que mejores resultados dan a largo plazo, puesto que afirma que las actitudes altruistas desinteresadas (pensar primero en los demás a costa de uno mismo) y las egocéntricas explotadoras (pensar en uno mismo a costa de los demás) son situaciones insostenibles a largo plazo.

Referencias [editar]

Véase también [editar]

Enlaces externos [editar]

SOCIOLOGÍA3: MOVIMIENTO SOCIAL. Un movimiento social es la agrupación no formal de individuos u organizaciones dedicadas a cuestiones político-sociales que tiene como finalidad el cambio social.

Movimiento social

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Un movimiento social es la agrupación no formal de individuos u organizaciones dedicadas a cuestiones político-sociales que tiene como finalidad el cambio social.

Solidaridad (Solidarność) es una federación sindical autónoma e independiente polaca de raíces cristianas, nacida de las luchas obreras y campesinas por la libertad sindical y en contra del Estado socialista, dirigidas por Lech Wałęsa, fundada en septiembre del año 1980 y considerado uno de los mayores sindicatos de la historia. Este movimiento social fue protagonista de la caída del comunismo en Polonia, en la imagen una manifestación en Varsovia de 1984.
El Movimiento por los Derechos Civiles en Estados Unidos fue una lucha larga, y principalmente no-violenta, para extender el acceso pleno a los derechos civiles y la igualdad ante la ley a los grupos que no los tienen, sobre todo a los ciudadanos negros. Han sido numerosos movimientos a favor de otros grupos en EE. UU. a través del tiempo, pero generalmente se usan el término para referirse a las luchas que tomaron lugar entre 1955 y 1968 para terminar la discriminación contra los afroamericanos y terminar con la segregación racial, especialmente en el sur de Norteamérica. En la imagen La Marcha sobre Washington de 1963 en el Lincoln Memorial.

Los movimientos sociales como estructuras de cambio social surgen a la par de las crisis de las organizaciones de izquierda y del socialismo, tanto socialdemócrata como marxistas, principalmente partidos políticos y sindicatos. Surgen como modos de organización de colectivos, fundamentalmente marginales, que luchan dentro de un campo político más o menos concreto. Algunos ejemplos de estos movimientos son el movimiento feminista, el movimiento ecologista, el movimiento obrero, el movimiento pacifista o antimilitarista, o, más reciente en su surgimiento, el movimiento okupa y el movimiento antiglobalización.

El termino fue introducido al vocabulario académico por Lorenz von Stein en 1846 ( "Historia de los Movimientos Sociales Franceses desde 1789 hasta el Presente (1850)" ). Stein entiende un Movimiento Social como, básicamente, una aspiración de sectores sociales (clases) de lograr influencia sobre el Estado, debido a las desigualdades en la economía. Así por ejemplo, la aspiración del proletariado a lograr representación en los sistemas de gobierno. El libro ha sido traducido al inglés (por ejemplo, Bedminster Press in 1964) pero no totalmente al castellano.[1]

La vocación de los movimientos sociales es muy grande por su diversidad, por sus muchos objetivos, desde su auge en los años 1960. Su prestigio también es grande. Es una de las vías lógicas de participación ciudadana. No son fundaciones sociales u organizaciones no gubernamentales (ONGs), que son unidades asistenciales.

El concepto revivió en Alemania hacia los años 1970 con la formación de los grupos de acción cívica (Bürgerinitiativen). Los movimientos sociales rara vez confluyen en un partido político; su labor se basa en presionar al poder político mediante reivindicaciones concretas o en crear alternativas. Estas alternativas o reivindicaciones se convierten en su principal identidad, sin tener que llegar a plasmar un ideario completo.

Son el equivalente a acción afirmativa o grupo de presión para la modificación de la opinión pública y de las políticas públicas (similar al lobby -cabildeo-). Tienen un carácter de permanencia en el tiempo y con un número de personas representativo, con relación a los que sufren o ignoran el problema. Su recuerdo histórico es muy antiguo, por ejemplo, los Comuneros de Castilla. Son algunas veces el nacimiento de una idea con líderes carismáticos memorables y su génesis puede derivar hacia un movimiento o iniciar una revuelta o, más contundentemente, una revolución, como la Revolución mexicana y asimismo la eventual plataforma para un partido hacia el poder.

Es una forma instantánea y continuada de insertarse en el ámbito político, con inicialmente poco esfuerzo organizativo, sin pertenecer a él, pero sí con fuerza de cambio político, como la restauración de la democracia perdida en regímenes autoritarios. Su análisis incluye su objetivo, el tipo de clientela y es interesante el desarrollo de su proceso organizativo. El impacto en la sociedad es desde meramente presencial, como una fuerza de choque perturbadora, o hasta resultar muy definitorio, como grupos fuertes de interés y presión hacia el poder instituido. Deben cuidar su progreso organizativo para ser eficaces y continuar perseverando y merecerse el honor de co-artífices de eventos democráticos en las instituciones u otros más modestos, como la información de los ciudadanos.

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Tipología y ejemplos de movimientos sociales [editar]

Enlaces externos [editar]

 

Notas [editar]

  1. Existe una versión española parcial: Movimientos sociales y monarquía, trad. E. Tierno Galván, Madrid, 1981.

Véase también [editar]

SOCIOLOGÍA3: ORGANIZACIÓN DE BASE. El término organizaciones de base sirve para identificar a las organizaciones de carácter social o político más cercanas a la comunidad a la que sirven. A su vez, las organizaciones de base son asistidas por organizaciones mayores, que pueden ser desde un partido político, una ONG, o federaciones o confederaciones de organizaciones o secciones de organizaciones nacionales o regionales. En teoría, la organización de base es la célula más pequeña y más relacionada con el pueblo llano.

Organización de base

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El término organizaciones de base sirve para identificar a las organizaciones de carácter social o político más cercanas a la comunidad a la que sirven. A su vez, las organizaciones de base son asistidas por organizaciones mayores, que pueden ser desde un partido político, una ONG, o federaciones o confederaciones de organizaciones o secciones de organizaciones nacionales o regionales. En teoría, la organización de base es la célula más pequeña y más relacionada con el pueblo llano.

En Estados Unidos de América, el National Council of La Raza o NCLR se encuentra organizado oficialmente por 307 organizaciones de base que agrupan a más de 20 mil líderes comunitarios.

Varios de los partidos políticos y movimientos sociales consideran las organizaciones de base como uno de los ejes de sus actividades, en ocasiones buscando estructurarse casi totalmente en torno a estas dándole un papel secundario o simbólico a la dirigencia, ya que las decisiones de peso y hasta su ejecución estarían a cargo de las mismas bases sociales. Cuando las organizaciones de base se administran y coordinan entre sí, se pasaría a un régimen de autogobierno y federalismo, diametralmente contrario a toda forma de centralismo.

Véase también [editar]

SOCIOLOGÍA3: Wikipedia:Clasificación Unesco de 6 dígitos/63 Sociología.

Wikipedia:Clasificación Unesco de 6 dígitos/63 Sociología

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Sociología (63) [editar]

6301 Sociología cultural [editar]

01 Evolución cultural 02 Relaciones culturales 03 Folklore 04 Relaciones inter-étnicas 05 Lenguaje y cultura 06 Civilización y características nacionales 07 Sociología del arte 08 Sociología del derecho 09 Sociología de la literatura 10 Sociología de la religión 99 Otras (especificar)

6302 Sociología experimental [editar]

01 Colección de campos de datos 02 Psicología social 03 Diseño de experimentos sociales 04 Métodos de experimentación social 99 Otras (especificar)

6303 Sociología general [editar]

01 Sociología comparativa 02 Sociología histórica 03 Metodología 04 Sociografía 05 Teoría 99 Otras (especificar)

6304 Desorden internacional [editar]

01 Conflictos 02 Solución de conflictos 03 Guerra y paz 99 Otras (especificar)

6305 Sociología matemática [editar]

01 Medida y construcción de índices 02 Construcción de modelos 03 Análisis estadístico 99 Otras (especificar)

6306 Sociología ocupacional [editar]

01 Burocracia 02 Sociología educativa 03 Sociología industrial 04 Sociología médica 05 Sociología de la educación 06 Sociología del derecho 07 Sociología de masas 08 Sociología de la ciencia 99 Otras (especificar)

6307 Cambio y desarrollo social [editar]

01 clasificacion del cambio social 01 Evolución de sociedades 02 Países en desarrollo 03 Política social 04 Seguridad social 05 Servicios sociales 06 Desarrollo socio-económico 07 Cambio social y tecnología 99 Otras (especificar)

6308 Comunicaciones sociales [editar]

01 Signos 02 Sociolingüística 03 Símbolos 99 otras (especificar)

6309 Grupos sociales [editar]

01 Castas 02 Elites 03 Familia y parentesco 04 Matrimonio 05 Clases sociales 06 Movilidad social 07 Estratificación social 08 Tribus 09 Estatus de la mujer 99 Otras (especificar)

6310 Problemas sociales-desorden social [editar]

01 Crimen 02 Delincuencia 03 Enfermedad 04 Hambre 05 Minusvalía 06 Relaciones internacionales 07 Desarraigados 08 Pobreza 09 Calidad de vida 10 Convenios y conflictos sociales 11 Bienestar social 12 Estándar de vida 13 Terrorismo 14 Desempleo 15 Violencia 99 Otras (especificar)

6311 Sociología de las instituciones humanas [editar]

01 Estudio de comunidades 02 Sociología ecológica 03 Sociología local 04 Sociología rural 05 Suburbios 06 Sociología urbana 99 Otras (especificar)

6399 Otras especialidades sociológicas (especificar) [editar]

00 Otras especialidades sociológicas (especificar)

Véase también: Clasificación Unesco, Clasificación Unesco 4 dígitos y Clasificación Unesco 6 dígitos

SOCIOLOGÍA3: SOCIOLOGÍA DE LA CIENCIA. La sociología de la ciencia considera las influencias y componentes sociales en la ciencia. Diferente de la sociología del conocimiento que investiga los orígenes sociales de las ideas y del efecto que las ideas dominantes tienen sobre las sociedades.

Sociología de la ciencia

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La sociología de la ciencia considera las influencias y componentes sociales en la ciencia. Diferente de la sociología del conocimiento que investiga los orígenes sociales de las ideas y del efecto que las ideas dominantes tienen sobre las sociedades.

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Temas de investigación [editar]

A diferencia de la epistemología no investiga la validez del conocimiento sino la forma que se organiza socialmente la comunidad científica en la producción, difusión y reclutamiento o entrenamiento de sus integrantes. De qué forma se construye el discurso, de una comunidad especifica y la ciencia en general, del conocimiento científico en la neutralidad u objetividad de la producción de ideas, teorías, etc. Como la sociología del conocimiento se aproxima en averiguar la forma en la cual es valido o aceptado el conocimiento en la sociedad. Así como la conexión entre los diversos actores y los usos que se da o legítima la ciencia. Específicamente que técnicas, teorías y medios de difusión son considerados como dominantes o la forma que adquieren supremacía sobre sociedades

Desarrollo y autores [editar]

Trabajos iniciales de Karl Mannheim y Norbert Elias empiezan la reflexión y estudio de la ciencia como actividad social y el estudio de la comunidad que lo compone (los científicos y las científicas). Con Robert K. Merton en los años 1970 empieza la fase funcional-estructuralista de su estudio. Merton impulsa un subcampo de estudio denominado sociología del conocimiento, el cual aborda la ciencia moderna como institución social y se interesa por el ethos específico que la caracteriza.

A mediados de la década de los 70 se forman algunas escuelas que continúan, si bien ampliando la visión, la propuesta de Merton. Entre ellas destaca la Escuela de Edimburgo con David Bloor a la cabeza. Este autor ya no concibe la ciencia como un saber esotérico, sino que pone en relevancia el componente social en la producción del conocimiento científico.

No sin generar cierta controversia, un nutrido grupo de teóricos protagonizó lo que Steve Woolgar denomina como “el giro hacia la tecnología”, desplazando a la ciencia, en buena medida, como objeto estudio y centrando su esfuerzo en la investigación de las tecnologías desde el campo de los estudios sociales. Este giro vino inspirado, entre otros, por la figura de Langdon Winner y sus trabajos en dicha área.

Hoy en día este campo tiene continuidad en varias vertientes, aunque se suelen nombrar dos escuelas:

1) Los Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología, representan un enfoque fuertemente constructivista. Desde esta perspectiva se supone que la construcción de los aparatos tecnológicos viene determinada socialmente a través de las pugnas y negociaciones que se producen entre grupos sociales relevantes. Sus máximos exponentes son Pinch y Bijker.

2) la Teoría Actor-Red. Esta escuela rechaza la primacía de las relaciones humanas en la constitución de entramados socio-técnicos, por contra, aplica el principio de "simetría generalizada" y proclama la existencia agentes sociales híbridos que se constituyen a través de la negociación y el enrolamiento entre entidades humanas y no humanas. Este enfoque teórico cuenta entre sus autores más destacados con Bruno Latour, Michel Callon y John Law.

Sin embargo, desde la teoría feminista también se han realizado importantes aportaciones al campo. En este sentido, destaca la figura de Donna Haraway y su metáfora del cyborg para designar aquello que hoy somos. Aunque con reminiscencias de la literatura de ciencia ficción y un lenguaje muy metáforico, su enfoque es cercano al de la Teoría Actor-Red, sin embargo, Donna Haraway resalta la necesidades ético-políticas de la teoría.

Conexiones con otras sociologías [editar]

El Prof. Miguel Ángel Sobrino Blanco ha establecido un status de disciplinas autónomas para la Sociología de la comunicación y para la Sociología de la información como un aprovechamiento del saber ya acumulado en la Sociología del conocimiento, explorando nuevos caminos hacia una teoría social de la documentación por la vía de la reflexión. La Profesora Blanca Muñoz ha desarrollado el concepto de 'Sociología de la comunicación' en Sociología de la comunicación de masas y su Bibliografía.

Numerosas sociologías están incorporando el hecho de la nueva era de la información con conexiones binarias, que son difíciles de definir, con el principal objetivo de intercambiar saberes desde distintos ángulos o ramas que 'trabajan' cun una perspectiva sociológica. Concretamente con Borgata y Montgomery en la Encyclopedia of Sociology.

Lecturas [editar]

  • Emilio Lamo de Espinosa, José María González García y Cristóbal Torres, La sociología del conocimiento y de la ciencia, Alianza Editorial, Madrid, 1994, 632 pags. Reimpreso en 2002

Véase también Ciencia y sociedad y filosofía de la ciencia

SOCIOLOGÍA3: SOCIOLOGÍA DEL ARTE. La sociología del arte es una disciplina de las ciencias sociales que estudia el arte desde un planteamiento metodológico basado en la sociología. Su objetivo es estudiar el arte como producto de la sociedad humana, analizando los diversos componentes sociales que concurren en la génesis y difusión de la obra artística. La sociología del arte es una ciencia multidisciplinar, recurriendo para sus análisis a diversas disciplinas como la cultura, la política, la economía, la antropología, la lingüística, la filosofía, y demás ciencias sociales que influyan en el devenir de la sociedad.

Sociología del arte

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La sociología del arte es una disciplina de las ciencias sociales que estudia el arte desde un planteamiento metodológico basado en la sociología. Su objetivo es estudiar el arte como producto de la sociedad humana, analizando los diversos componentes sociales que concurren en la génesis y difusión de la obra artística. La sociología del arte es una ciencia multidisciplinar, recurriendo para sus análisis a diversas disciplinas como la cultura, la política, la economía, la antropología, la lingüística, la filosofía, y demás ciencias sociales que influyan en el devenir de la sociedad. Entre los diversos objetos de estudio de la sociología del arte se encuentran varios factores que intervienen desde un punto de vista social en la creación artística, desde aspectos más genéricos como la situación social del artista o la estructura sociocultural del público, hasta más específicos como el mecenazgo, el mercantilismo y comercialización del arte, las galerías de arte, la crítica de arte, el coleccionismo, la museografía, las instituciones y fundaciones artísticas, etc.[1] También cabe remarcar en el siglo XX la aparición de nuevos factores como el avance en la difusión de los medios de comunicación, la cultura de masas, la categorización de la moda, la incorporación de nuevas tecnologías o la apertura de conceptos en la creación material de la obra de arte (arte conceptual, arte de acción).

La sociología del arte debe sus primeros planteamientos al interés de diversos historiadores por el análisis del entorno social del arte desde mediados del siglo XIX, sobre todo tras la irrupción del positivismo como método de análisis científico de la cultura, y la creación de la sociología como ciencia autónoma por Auguste Comte. Sin embargo, la sociología del arte se desarrolló como disciplina particular durante el siglo XX, con su propia metodología y sus objetos de estudio determinados. Principalmente, el punto de partida de esta disciplina se suele situar inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, con la aparición de diversas obras decisivas en el desarrollo de esta corriente disciplinar: Arte y revolución industrial, de Francis Klingender (1947); La pintura florentina y su ambiente social, de Friedrich Antal (1948); e Historia social de la literatura y el arte, de Arnold Hauser (1951). En sus inicios, la sociología del arte estuvo estrechamente vinculada al marxismo –como los propios Hauser y Antal, o Nikos Hadjinikolaou, autor de Historia del arte y lucha de clases (1973)–, si bien luego se desmarcó de esta tendencia para adquirir autonomía propia como ciencia. Otros autores destacados de esta disciplina son Pierre Francastel, Herbert Read, Francis Haskell, Michael Baxandall, Peter Burke, Giulio Carlo Argan, etc.[2]

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Definición [editar]

La sociología del arte es una disciplina relativamente nueva, desarrollada principalmente desde la Segunda Guerra Mundial. Por ello, todavía no tiene unos fundamentos del todo establecidos, siendo abordada desde distintos planteamientos teóricos y metodológicos por los diversos estudiosos que tratan la materia. Además, la sociología del arte está estrechamente relacionada con otras disciplinas que estudian el arte, como la estética o la propia historia del arte, ciencia esta última que siempre ha considerado en mayor o menor medida el componente social como parte indisoluble de la creación artística. La historia social del arte ha puesto especial énfasis en las circunstancias materiales que originan la obra artística, analizando desde ese punto de vista tanto el génesis como la evolución del hecho artístico. Asimismo, la estética ha sido estudiada por diversos autores desde el punto de vista sociológico en cuanto su objeto de estudio –el concepto de belleza, los juicios estéticos o la función del arte– puede igualmente analizarse desde el componente social que influye en ellos. Así, la estética sociológica es aquella que estudia el conocimiento sensible a partir de las condiciones históricas y sociales que les son propias en cada momento.[3]

El estudio social del arte se debe principalmente a las aportaciones realizadas por la sociología general, como ciencia que estudia la dimensión social de los hechos humanos y los múltiples factores que intervienen en ellos: política, economía, cultura, etc. Así, la sociología del arte es la que, tomando esta base metodológica, la aplica al estudio del arte. El principal interés de esta disciplina es explicar el hecho artístico en base a los factores que lo generan, contextualizando obra y artista dentro de la sociedad y evidenciando las relaciones intrínsecas entre ambos. Cabe remarcar que esta relación es recíproca, y que la sociología del arte estudia tanto la influencia de la sociedad en el arte como la que pueda aportar este último al desarrollo social.

La relación entre arte y sociedad es una comunicación fluida, dinámica, que ha ido variando a lo largo del tiempo. Por ello, la sociología del arte debe tener especial cuidado con la relativización del análisis histórico, pues una misma circunstancia social puede tener distinta interpretación según el lugar y el momento histórico. Por lo general, la incidencia del factor social en el arte es de tipo estructural, ya que no se trata de factores aislados sino de un conjunto de relaciones que intervienen de forma organizada en la creación artística. La sociología del arte debe adaptarse pues al contexto específico que rodea cualquier obra artística, por lo que no puede elaborar leyes generales ni extrapolar conclusiones de un hecho artístico a otro. Cabe remarcar igualmente que no es una ciencia exacta ni pretende aportar explicaciones exhaustivas ni soluciones definitivas, ya que en el arte incurren muchos más factores de índole más subjetiva y difícilmente interpretable. Como dijo Hauser: “todo arte está condicionado socialmente, pero no todo en el arte es definible socialmente”.[4]

Antecedentes [editar]

Si bien diversos autores se han planteado a lo largo de la Historia la función social del arte –Platón por ejemplo se lo cuestionó en La República–, es principalmente desde el siglo XIX que empieza a analizarse la relación arte-sociedad: los cambios sociales producidos por la Revolución francesa y la Revolución industrial, tanto a nivel político como económico, llevaron a los filósofos a replantearse la relación del hombre con la sociedad. Así surgió la sociología del arte, ciencia fundamentada en los principios metodológicos del positivismo que considera al artista como parte indisoluble de la sociedad, siendo la obra artística un fiel reflejo de los condicionamientos sociales que envuelven al artista.[5] En su génesis, la sociología del arte se opuso al romanticismo, el movimiento cultural preponderante en Europa a principios del siglo XIX, si bien tomaron de éste el concepto del arte como reflejo del tiempo –lo que llamaban “espíritu del tiempo”–, que los positivistas llamaron “contexto histórico”.[6]

En su génesis, la sociología del arte se opuso al romanticismo, el movimiento cultural preponderante en Europa a principios del siglo XIX, si bien tomaron de éste el concepto del arte como reflejo del tiempo –lo que llamaban “espíritu del tiempo”–, que los positivistas llamaron “contexto histórico”.[6] Igualmente, se enfrentaron al esteticismo, movimiento que rechazaba el utilitarismo imperante en la época y la fealdad y materialismo de la era industrial. Esta tendencia otorgaba al arte y a la belleza una autonomía propia, sintetizada en la fórmula de Théophile Gautier “el arte por el arte” (L'art pour l'art), llegando incluso a hablarse de “religión estética”.[7] Esta postura pretendía aislar al artista de la sociedad, buscando de forma autónoma su propia inspiración y dejándose llevar únicamente por una búsqueda individual de la belleza, que se aleja de cualquier componente moral, convirtiéndose en el fin último del artista, que llega a vivir su propia vida como una obra de arte –como se puede apreciar en la figura del dandy–.[8] Uno de los teóricos del movimiento fue Walter Pater, que influyó en el denominado decadentismo inglés, estableciendo en sus obras que el artista debe vivir la vida intensamente, siguiendo como ideal a la belleza. Posteriormente, autores como James McNeill Whistler, Oscar Wilde, Algernon Charles Swinburne y Stéphane Mallarmé desarrollaron esta tendencia hasta un elevado grado de refinamiento basado únicamente en la sensibilidad del artista.

El primer teórico que estudió el arte desde un punto de vista sociológico fue Hippolyte-Adolphe Taine: en su Filosofía del arte (1865-1869), aplicó al arte un determinismo basado en la raza, el contexto y la época (race, milieu, moment). Para Taine, el arte opera como cualquier otra disciplina científica, en base a parámetros racionales y empíricos: el arte “no es más que una especie de botánica aplicada no a las plantas, sino a las obras del hombre”. Considera las obras de arte “productos de los que hay que determinar sus características y buscar sus cauces”, aceptando cualquier forma artística como “manifestaciones del espíritu humano”. Jakob Burckhardt, en La cultura del Renacimiento en Italia (1860), esbozó desde la perspectiva del historicismo un análisis del arte estudiado desde cualquier fenómeno que rodea al mundo del arte: desde la política y la moral, hasta la vida doméstica y la situación de la mujer. Igualmente, Jean Marie Guyau, en El arte desde el punto de vista sociológico (1888), planteó una visión evolucionista del arte, afirmando que el arte está en la vida, y que evoluciona como ésta; y, al igual que la vida del ser humano está organizada socialmente, el arte debe ser reflejo de la sociedad.[9]

La sociología del arte tuvo en el siglo XIX una gran vinculación con el realismo pictórico y el naturalismo literario, así como con movimientos políticos de izquierdas, especialmente el socialismo utópico: autores como Henri de Saint-Simon, Charles Fourier y Pierre Joseph Proudhon defendieron la función social del arte, que contribuye al desarrollo de la sociedad, aunando belleza y utilidad en un conjunto armónico.[10] Por otro lado, en el Reino Unido, la obra de teóricos como John Ruskin y William Morris aportó una visión funcionalista del arte: en Las piedras de Venecia (1851-1856) Ruskin denunció la vulgarización del arte llevada a cabo por la sociedad industrial, así como la degradación de la clase obrera, defendiendo la función social del arte. Asimismo, en El arte del pueblo (1879) pidió cambios radicales en la economía y la sociedad, reclamando un arte “hecho por el pueblo y para el pueblo”. Por su parte, Morris –fundador del movimiento Arts & Crafts– defendió un arte funcional, práctico, que satisfaga necesidades materiales y no sólo espirituales. En Los fines del arte (1887) postuló un concepto de arte utilitario pero alejado de sistemas de producción excesivamente tecnificados, próximo a un concepto del socialismo cercano al corporativismo medieval.[11]

Por otro lado, la función del arte fue cuestionada por el escritor ruso Lev Tolstoi: en ¿Qué es el arte? (1898) se planteó la justificación social del arte, argumentando que siendo el arte una forma de comunicación sólo puede ser válido si las emociones que transmite pueden ser compartidas por todos los hombres. Para Tolstoi, la única justificación válida es la contribución del arte a la fraternidad humana: una obra de arte sólo puede tener valor social cuando transmite valores de fraternidad, es decir, emociones que impulsen a la unificación de los pueblos.[12]

La sociología del arte en el siglo XX [editar]

Fuente, de Marcel Duchamp. El siglo XX supone una pérdida del concepto de belleza clásica para conseguir un mayor efecto en el diálogo artista-espectador.

El arte contemporáneo ha presentado una gran atomización de estilos, reflejando ideas culturales y filosóficas que se fueron gestando en el cambio de siglo XIX-XX, en muchos casos contradictorias: la superación de las ideas racionalistas de la Ilustración y el paso a conceptos más subjetivos e individuales, partiendo del movimiento romántico y cristalizando en la obra de autores como Kierkegaard y Nietzsche, suponen una ruptura con la tradición y un rechazo de la belleza clásica. El concepto de realidad fue cuestionado por las nuevas teorías científicas: la subjetividad del tiempo (Bergson), la relatividad de Einstein, la mecánica cuántica, la teoría del psicoanálisis de Freud, etc. Por otro lado, las nuevas tecnologías hacen que el arte cambie de función, ya que la fotografía y el cine ya se encargan de plasmar la realidad. Los movimientos de vanguardia pretendieron integrar el arte en la sociedad, buscando una mayor interrelación artista-espectador, ya que es este último el que interpreta la obra, pudiendo descubrir significados que el artista ni conocía. Es lo que Umberto Eco denominó “obra abierta”: una obra que expresa con mayor libertad la concepción del artista, pero que a la vez establece un diálogo con el espectador, al tener un número ilimitado de interpretaciones. A veces el arte está más en la visión que le otorga el espectador que no en su propio proceso productivo, como en los ready-made de Marcel Duchamp.[13]

El arte contemporáneo está íntimamente ligado a la sociedad, a la evolución de los conceptos sociales, como el mecanicismo y la desvalorización del tiempo y la belleza. Es un arte que destaca por su instantaneidad, necesita poco tiempo de percepción, con oscilaciones continuas del gusto, cambiando simultáneamente: así como el arte clásico se sustentaba sobre una metafísica de ideas inmutables, el actual, de raíz kantiana, encuentra gusto en la conciencia social de placer (cultura de masas). En una sociedad más materialista, más consumista, el arte se dirige a los sentidos, no al intelecto. Cobra especial relevancia el concepto de moda, una combinación entre la rapidez de las comunicaciones y el aspecto consumista de la civilización actual. Las últimas tendencias artísticas pierden incluso el interés por el objeto artístico: el arte tradicional era un arte de objeto, el actual de concepto. Hay una revalorización del arte activo, de la acción, de la manifestación espontánea, efímera, del arte no comercial (arte conceptual, happening, environment).[14]

Marxismo [editar]

La teoría del materialismo dialéctico formulada en el siglo XIX por Marx y Engels tuvo derivaciones en el campo de la teoría del arte en el siglo XX, sobre todo en Rusia. De la obra de Marx se desprendía que el arte es una “superestructura” cultural determinada por las condiciones sociales y económicas del ser humano. Marx consideraba el fenómeno artístico como uno de los factores integradores de la dinámica social, y puntualizó la alienación del arte en relación a los grupos sociales. Para Marx, el arte es un componente de la ideología: cada ideología se corresponde con una visión del mundo que trata de justificar el orden social establecido. Así, la ideología artística equivale a una manera de representar que tiende a justificar la realidad social resultante de las relaciones económicas de producción. Para los marxistas, el arte es reflejo de la realidad social, si bien el propio Marx no veía una correspondencia directa entre una sociedad determinada y el arte que produce. Georgi Plejanov, en Arte y vida social (1912), formuló una teoría materialista que rechaza el “arte por el arte”, así como la individualidad del artista ajeno a la sociedad que lo envuelve. Después de la Revolución Soviética el arte, enmarcado en el realismo socialista, fue estandarizado en unos parámetros definidos principalmente por Maksim Gorki y Andrei Zhdanov: el artista ha de ser catalizador de las fuerzas sociales, fomentando el proceso revolucionario marxista.[15]

Para György Lukács el arte de vanguardia es reflejo del “irracionalismo burgués”. Influido por Wilhelm Dilthey y su distinción entre “ciencias de la naturaleza” y “ciencias del espíritu”, aplicó esta diferencia para establecer una ontología del arte: si la ciencia trata “con los hechos y con sus conexiones”, el arte “nos ofrece almas y destinos”. Para Lukács, el arte está ontológicamente ligado a la verdad, a una verdad mítica perdurable en el trasfondo del hombre durante milenios. En Historia y conciencia de clase (1925) aplicó la dialéctica marxista al arte, concibiendo este como una estructura profunda y recurrente inherente al devenir histórico a lo largo del tiempo. El arte es así un fenómeno mimético que recoge los aspectos más esenciales y universales de los acontecimientos históricos. Para Lukács, “el arte verdadero representa siempre la totalidad de la vida humana”.[16]

Walter Benjamin analizó el arte de vanguardia, que para él es “la culminación de la dialéctica de la modernidad”, el final del intento totalizador del arte como expresión del mundo circundante. Intentó dilucidar el papel del arte en la sociedad moderna, realizando un análisis semiótico en que el arte se explica a través de signos que el hombre intenta descifrar sin un resultado aparentemente satisfactorio. Para él, la modernidad implica una fractura semiótica que sumerge al hombre en la confusión, impeliéndole a su vez a una búsqueda de la verdad. Aunque aparentemente el arte tiene una función reconciliadora entre el hombre y el mundo, la propia naturaleza artificial de este hace que nos conduzca a falsas premisas de verdad. En La obra de arte en la época de la reproductibilidad técnica (1936) analizó la forma cómo las nuevas técnicas de reproducción industrial del arte pueden hacer variar el concepto de este, al perder su carácter de objeto único y, por tanto, su halo de reverencia mítica; esto abre nuevas vías de concebir el arte –inexploradas aún para Benjamin– pero que supondrán una relación más libre y abierta con la obra de arte.[17]

Theodor W. Adorno, como Benjamin perteneciente a la Escuela de Frankfurt, defendió el arte de vanguardia como reacción a la excesiva tecnificación de la sociedad moderna. Contrariamente al concepto estructural de Lukács, Adorno puso énfasis en la forma artística, que para él es donde se manifiesta el contenido ideológico subyacente en el arte, si bien de una forma distorsionada, como en un espejo roto. En su Teoría estética (1970) afirmó que el arte es reflejo de las tendencias culturales de la sociedad, pero sin llegar a ser fiel reflejo de esta, ya que el arte representa lo inexistente, lo irreal; o, en todo caso, representa lo que existe pero como posibilidad de ser otra cosa, de trascender. El arte es la “negación de la cosa”, que a través de esta negación la trasciende, muestra lo que no hay en ella de forma primigenia. Es apariencia, mentira, presentando lo inexistente como existente, prometiendo que lo imposible es posible.[18]

Una nueva disciplina [editar]

El Museo Guggenheim Bilbao. El siglo XX ha puesto de manifiesto una mayor interrelación entre el arte y la sociedad, lo que se ha hecho patente en la proliferación de nuevos museos.

La sociología del arte como disciplina metodológica aplicada de forma sistemática al estudio del arte nace después de la Segunda Guerra Mundial, debida sobre todo a la obra de Friedrich Antal y Arnold Hauser, provenientes ambos del formalismo de la Escuela de Viena.[19] Antal sentó en La pintura florentina y su ambiente social (1948) las bases de este nuevo método de estudio del arte, relacionando arte y sociedad como una estructura unificada regida por principios causales. Para este autor, el arte ha de analizarse desde todos los factores que intervienen en su génesis, sean sociales, políticos, económicos, culturales, etc. Aún así, no reniega del análisis formal de la obra de arte, ni del aporte que puede proporcionar la sensibilidad al estudio del hecho artístico.[20]

La obra de Arnold Hauser tuvo más éxito y difusión, y supuso una mayor sistematización y categorización de esta disciplina, por lo que muchos le consideran el padre de la moderna sociología del arte. Discípulo de Heinrich Wölfflin y Max Dvořák, su adscripción al marxismo será evidente en toda su obra, por lo que recibió numerosas críticas. Sin embargo, la obra de Hauser, una vez eludida su ideología, es fuente indispensable para el estudio sociológico del arte. En Historia social de la literatura y el arte (1951), Hauser intentó explicar la historia del arte desde el materialismo histórico, por lo que, si bien adolece de excesiva esquematización ideológica, este primer intento de análisis social del arte sentará las bases de la sociología del arte. En Teorías del arte (inicialmente Filosofía de la historia del arte, 1958), sentó de forma más elaborada las bases del estudio sociológico del arte, delimitando sus objetivos y analizando el arte por estratos culturales. Por último, en Sociología del arte (1974), realizó la aportación más completa a esta disciplina, analizando de forma rigurosa los distintos componentes teóricos que repercuten en esta ciencia.[21]

Más adelante, Pierre Francastel supuso un intento de abandonar el determinismo al que se había encaminado la sociología del arte, intentando establecer unas bases más amplias de análisis, sustentadas sobre todo en el componente cultural del arte y de la sociedad. Defiende el carácter específico del lenguaje artístico, optando por la obra de arte como punto de partida, en vez del contexto social. Su análisis es multidisciplinar, aportando a la sociología del arte recursos provenientes del estructuralismo y la semiología. En Pintura y sociedad (1951), analizó la historia de la pintura desde la evolución del pensamiento, si bien no profundiza demasiado en el componente social, por lo que se ha criticado a Francastel como formalista que aplica el método sociológico sin sacar conclusiones de él.[22]

Igualmente, Lucien Goldmann abre la sociología del arte a otras disciplinas como la antropología, la lingüística o la psicología, proponiendo un “estructuralismo genético” en el que el lenguaje es reflejo de una determinada “visión del mundo” presente en toda estructura social. Asimismo, Pierre Bourdieu enfatizó el origen sociocultural del arte vinculándolo al comportamiento humano, analizando pautas de comportamiento presentes en distintas sociedades, desde las más primitivas hasta las más avanzadas.[23]

Progresivamente la sociología del arte fue ampliando su horizonte metodológico, surgiendo en los años 1970 varias tendencias que analizan el arte desde diversos factores: Jean Gimpel, en Contra el arte y los artistas (1968), hizo un repaso histórico al arte producido desde Giotto desde el punto de vista de la condición social del artista y de la inserción de la obra de arte en el contexto económico que la produce, incidiendo especialmente en factores como el mecenazgo y el coleccionismo. De igual manera, Raymonde Moulin analizó en El mercado de la producción artística en Francia (1967) los factores incidentes en un campo específico como es el mercado del arte, sentando las bases de gran número de obras que incidirán en el tema. De forma similar, Michael Baxandall sintetizó la sociología del arte con la estética, la lingüística y la semiótica, creando un método que denominó “explicación histórica de los cuadros”: la obra de arte debe interpretarse, afirma, como una “verbalización” de la imagen proveniente de diversos estereotipos inherentes a estructuras de pensamiento producidas en cada momento histórico. Svetlana Alpers elaboró una teoría basada en la representación de los lenguajes culturales y su estructura gnoseológica, relacionando diversos campos de manifestación cultural: arte, ciencia, religión, técnica, poesía, junto a demás aspectos sociales y semióticos de la cultura.[24]

Peter Burke, pese a no ser historiador del arte, incluyó el arte en sus estudios de historia social, que aglutina el análisis antropológico y cultural, analizando en El Renacimiento italiano (1972) la posición social del artista, así como el mecenazgo y la función del arte. Por otro lado, Rudolf Wittkower plasmó en Nacidos bajo el signo de Saturno (1963) uno de los mejores tratados sobre la evolución de la condición social del artista, así como su carácter y conducta social. De igual manera, Patrones y pintores (1963) de Francis Haskell es referencia obligada sobre el patronazgo artístico.[25]

Uno de los más recientes terrenos de estudio de la sociología del arte es el de la cultura de masas, vinculada a la apertura actual del concepto del arte y a la atomización de estilos y de materiales presente en el arte contemporáneo, con utilización de nuevos soportes y nuevas tecnologías: la fotografía, el cine, el video, el cartel, el cómic, el diseño, la publicidad, el graffiti, la moda, la utilización del cuerpo (body-art) o la naturaleza (land-art) como soporte artístico, o la performance y el happening, suponen un nuevo abanico de posibilidades para el arte contemporáneo, y un nuevo objeto de estudio para la sociología del arte. En La era neobarroca (1987), Omar Calabrese pretende aglutinar todas estas manifestaciones en una “estética social” basada en el gusto común presente en la expresión y comunicación de estas nuevas tipologías, independientemente de su función y cualidad.[26]

Críticas [editar]

La sociología del arte ha recibido diversas críticas provenientes de variados sectores, desde la propia Historia del arte o la misma sociología, hasta la filosofía o la antropología. En especial, las críticas han incidido especialmente en la escuela marxista: Hauser fue criticado por su intento de formular una teoría universal que integrase el estudio del arte en el contexto de un análisis holístico sobre el ser humano, sin detenerse a analizar la obra de arte en sí misma –su estructura, significado o relevancia artística–. Su obra Historia social de la literatura y el arte fue duramente criticada por Ernst Gombrich, que señaló las deficiencias de su enfoque teórico y metodológico, así como la superficialidad y falta de rigor histórico de muchas de sus formulaciones. Se critica a Hauser la rigidez de un determinismo que sólo encuentra en el arte un producto de las condiciones socio-económicas. De igual forma, Nikos Hadjinikolaou fue tachado de mecanicista, por negar el talento creador de los artistas, sin lugar para la improvisación o la innovación, o cualquier circunstancia espontánea e improvisada en el devenir del hecho artístico. Antal, sin ser tan dogmático, fue igualmente criticado, aunque por lo general se considera su estudio como una valiosa aportación a la Historia del arte.[27]

El estructuralismo de Francastel ha sido igualmente criticado: según este autor, cualquier sociedad debe expresarse por medio de dos distintas vías –capacidades técnicas y necesidades simbólicas–, siendo el pensamiento artístico una forma de pensamiento visual, y cada momento histórico un contraste entre pensamientos visuales antiguos y nuevos. Siendo así, se ha criticado que no valora la figura del artista, y que se cuestiona la relación entre arte y técnica, a la vez que no consigue formular unas conclusiones claras y definitivas de los planteamientos que confecciona. De igual forma, se ha señalado su estilo abstracto e impreciso, la ambigüedad y falta de concreción de sus expresiones, su tendencia a la generalización y su escasez de referencias bibliográficas. Hadjinikolaou dijo de él que era "un formalista que había conseguido convencer a la gente de que hacía sociología del arte".[28]

Véase también [editar]

Referencias [editar]

  1. Bozal (1999), vol. II, p. 332.
  2. Bozal (2000), vol. I, p. 147.
  3. Furió (1995), p. 13-15.
  4. Furió (1995), p. 15-24.
  5. Beardsley-Hospers (1990), p. 71.
  6. a b Givone (2001), p. 101-102.
  7. Eco (2004), p. 329.
  8. Eco (2004), p. 333.
  9. Givone (2001), p. 102-104.
  10. Furió (1995), p. 31.
  11. Givone (2001), p. 112-113.
  12. Beardsley-Hospers (1990), p. 73.
  13. Eco (2004), p. 406.
  14. Eco (2004), p. 417.
  15. Beardsley-Hospers (1990), p. 79-80.
  16. Bozal (1999), vol. II, p. 185-188.
  17. Givone (2001), p. 122-124.
  18. Givone (2001), p. 125-127.
  19. Bozal (1999), vol. II, p. 333.
  20. Bozal (1999), vol. II, p. 333-334.
  21. Furió (1995), p. 49-50.
  22. Furió (1995), p. 50-51.
  23. Bozal (1999), vol. II, p. 336-339.
  24. Bozal (1999), vol. II, p. 339-342.
  25. Furió (1995), p. 56-57.
  26. Bozal (1999), vol. II, p. 343-345.
  27. «Sociología del arte e historia social del arte». Consultado el 29-11-2009.
  28. Furió (1995), p. 51.

Bibliografía [editar]

  • Beardsley, Monroe C. y Hospers, John (1990). Estética. Historia y fundamentos. Cátedra, Madrid. ISBN 84-376-0085-5.
  • Bozal, Valeriano (y otros) (2000). Historia de las ideas estéticas y de las teorías artísticas contemporáneas (vol. I). Visor, Madrid. ISBN 84-7774-580-3.
  • Bozal, Valeriano (y otros) (1999). Historia de las ideas estéticas y de las teorías artísticas contemporáneas (vol. II). Visor, Madrid. ISBN 84-7774-581-1.
  • Eco, Umberto (2004). Historia de la belleza. Lumen, Barcelona. ISBN 84-264-1468-0.
  • Furió, Vicenç (1995). Sociologia de l'art. Barcanova, Barcelona. ISBN 84-7533-973-5.
  • Givone, Sergio (2001). Historia de la estética. Tecnos, Madrid. ISBN 84-309-1897-3.

Enlaces externos [editar]

SOCIOLOGÍA3: SOCIOLOGÍA DE LA LITERATURA. La sociología de la literatura, en concreto, establece conclusiones que parten de la consideración de la literatura como realidad, fenómeno o institución social, en tanto que relaciona las obras literarias y sus creadores, la sociedad y el momento histórico en que nacen, y la orientación política que las inspira.

Sociología de la literatura

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La sociología de la literatura es un método de estudio de las obras literarias de los llamados trascendentes, es decir, aquellos que analizan las obras en virtud de una clave interpretativa que está más allá de la configuración lingüística del texto.

La sociología de la literatura, en concreto, establece conclusiones que parten de la consideración de la literatura como realidad, fenómeno o institución social, en tanto que relaciona las obras literarias y sus creadores, la sociedad y el momento histórico en que nacen, y la orientación política que las inspira.

  • Existe otro término, sociocrítica, que, aunque en origen no es sinónimo de sociología de la literatura, ha terminado con el tiempo por referirse, aunque de forma más restringida, al mismo ámbito de estudio. La sociocrítica fue una disciplina surgida dentro de la Nouvelle Critique francesa, y buscaba distanciarse de la estética marxista tradicional a través del uso de principios metodológicos propios de la Semiótica, la Neorretórica y la Hermenéutica. En este sentido, la sociocrítica se concentra exclusivamente en las estructuras textuales y su relación con la sociedad (en sentido lato), a diferencia de la sociología de la literatura que aborda también todo el proceso de producción, distribución, reedición y recepción de las obras.

Contenido

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Introducción [editar]

La necesidad de integrar los hechos literarios en la historia de las sociedades humanas es un descubrimiento casi contemporáneo de los inicios de la ciencia histórica tal y como se entendía a finales del siglo XVIII, es decir, requiere tener en cuenta la obra de Vico, Schlegel, Schiller, Madame de Staël y desde luego Hegel. La obra de Madame de Staël, De la littérature considérée dans ses rapports avec les institutions sociales (1800) es una referencia obligada para trazar una historia de las relaciones entre literatura y sociedad.

Son diversas las relaciones que se pueden establecer entre literatura y sociedad, aunque básicamente se reducen a dos: el análisis puede pretender ilustrar la sociedad utilizando el texto literario como un documento de época o establecer conclusiones acerca de la obra basadas, en último término, en las relaciones que se presumen entre las estructuras literarias y las sociales. Normalmente, esta segunda línea se adscribe filosóficamente al ámbito del marxismo.

La sociocrítica se interesa por la procedencia y condición social de los autores, así como por sus ideas políticas y sociales como ciudadanos y su grado de integración en el proceso social; se interesa también por el grado de dependencia de los escritores respecto de la clase dominadora o las fuentes económicas que le permitían subsistir, y la necesidad de trazar una historia del autor en la sociedad.

El estudio de la base económica de la literatura y de la condición social del escritor aparece unido al conocimiento del público al que se dirige y del cual depende económicamente. También se estudia dentro de la sociocrítica el papel desempeñado por instituciones sociales y asociaciones como el salón, el café, la academia y la universidad, y, desde luego, el papel del Estado y su intervención en el apoyo o en la prohibición de la lectura, su control mediante la censura o quema de libros.

El marxismo y los estudios literarios [editar]

La crítica literaria marxista se ha consagrado a explicar la influencia de razones económicas en la literatura y a señalar cómo esta debía ayudar en el camino hacia el socialismo. Sus figuras más relevantes son Gramsci, Lukács, Goldmann, Adorno, Althusser, Williams, Macherey y Galvano della Volpe, que, aunque se diferencian entre sí de forma notable, comparten la misma preocupación por los problemas generales de una teoría del arte: el juicio estético debe relacionarse con el mundo social e histórico, que proporciona la matriz de las significaciones. El valor estético no puede ser aprehendido sino en relación con la dimensión social del texto.

El precepto del realismo socialista según el cual la literatura debería reflejar la realidad y mostrar ciertas actitudes políticas, está profundamente arraigado en la crítica marxista. Esta teoría es uno de los argumentos con los que la crítica marxista hizo frente a las teorías formalistas. La idea de que el arte es reflejo de la estructura social aparece en numerosos textos marxistas y recibió su mejor formulación en las obras de Lúkacs.

Lukács [editar]

Cuando un crítico marxista analiza la literatura, parte de la convicción de que no se dedica a materias de opinión, sino a una realidad que es fruto de condicionantes políticos y sociales objetivos. Lo esencial de la práctica lukácsiana, por ejemplo, es el estudio detenido de un texto literario a la luz de cuestiones sociales de largo alcance. El punto de arranque es el escritor, una obra concreta, y a partir de aquí la argumentación del crítico húngaro se desplaza a niveles muy superiores mediante divagaciones muy complejas. La categoría esencial en el pensamiento de Lukács es la de totalidad, que resulta también esencial en Goldmann.

Lukács considera que el novelista no debería renunciar a la totalidad como perspectiva, pues solo en este caso la obra artística supone no ya un reflejo del mundo sino su descubrimiento y su conocimiento. En este sentido, la verdadera literatura refleja la realidad, es decir, las objetivas circunstancias históricas y sociales anteriores a su representación artística. Cualquier obra literaria verdadera salta por encima de estilos o temas para presentar al lector una visión totalizadora de la realidad.

Para Lukács y para una parte del pensamiento marxista, el realismo determina el valor de las obras artísticas. El artista debe tender a la creación de obras que reflejen la realidad tal y como las concebía la ciencia del socialismo.

La forma que toma la obra debe ser aquella que con mayor inmediatez permita acceder al contenido, no debe funcionar como obstáculo, no debe servir de distracción de la realidad que cuente el autor. El escritor debe aspirar a la máxima transparencia y no deformar los objetos que represente. Desde este punto de vista, el ideal sería que no existiera forma, lo que supondría identificar o superponer ambos planos: el mundo y la literatura.

Lucien Goldmann [editar]

La compleja relación que une y separa al individuo con la sociedad es uno de los grandes temas de la investigación de origen marxista. Entre quienes mejor teorizaron sobre los vínculos que unen las ideas políticas y sociales con la literatura está Lucien Goldmann y su propuesta de sujeto colectivo.

Goldmann estudia los textos para comprobar en qué medida recogen la visión del mundo, de la clase o grupo social a que pertenece su autor. Cuanto más se acerque un texto a la articulación más completa de esa visión, más clara será su validez artística. Las obras literarias no deben verse sólo como creaciones de individuos sino de un sujeto colectivo, de unas estructuras mentales trans-individuales, es decir, de las ideas y valores que comparte un grupo. De acuerdo con estos principios, la interpretación de una obra literaria no consiste en señalar sus rasgos lingüísticos inmanentes. Para entenderla en su más amplio sentido debe recurrirse a las estructuras sociales, que dan cuenta de su génesis en una situación concreta.

Goldmann llamó estructuralismo genético a este modo de abordar el estudio de la literatura.

Terry Eagleton [editar]

Terry Eagleton ha propuesto estudiar las obras literarias a partir de unos niveles que se relacionan y articulan en un proceso continuo, con la intención de capturar o definir el inasible espacio en el que se mueve lo literario. Ninguna categoría es suficiente para determinar por sí sola qué es la literatura, cómo y por qué surge.

Para ello, propone conocer, en primer lugar, el Modo general de producción (el feudalismo, el capitalismo) que es dominante en la sociedad que produce unos textos; en segundo lugar, se refiere al Modo literario de producción, que se define como una unidad de ciertas fuerzas y relaciones sociales de la producción literaria en una determinada formación social (en los estudios sobre la imprenta, por ejemplo). En tercer lugar, destaca la Ideología general, constituida por los discursos acerca de creencias y valores que están relacionadoscon las estructuras de producción material, y que reflejan las relaciones entre las experiencias vividas de sujetos individuales con las condiciones sociales en que se producen.

Esta Ideología general no siempre estará de acuerdo con el Modo literario de producción y el Modo general de producción. La clase social, el sexo, la nacionalidad, las creencias, etc. componen la ideología del autor, que se insertará o no de manera armoniosa en la Ideología general, pues entre ambas puede haber homología efectiva o una profunda contradicción (así podría ocurrir entre la ideología del autor y la expresada en la obra literaria).

La Ideología estética sería el estrato más complejo, que interesa desde el papel de la estética o de la cultura dentro de una determinada formación social, el carácter más o menos avanzado de algunas realizaciones literarias, etc. Y finalmente, el texto, que es el producto que nace de la convergencia de los elementos mencionados.

Pierre Bourdieu: teoría del campo literario [editar]

Bourdieu considera que es necesario superar la antinomia entre lo que él llama explicaciones internas y explicaciones externas del hecho literario (la estructuralista y marxista, respectivamente). El problema, según él, radica en que tanto el marxismo como los análisis formales han ignorado la cuestión de la lógica interna de los objetos culturales y los grupos que los producen (juristas, intelectuales, artistas...).

Bourdieu señala, entonces, que las sociedades modernas se organizan en campos, en espacios sociales de creación cultural, científica, jurídica, etc. que no responden a una lógica única, ni a una jerarquía que los unifique. Desde el punto de vista metodológico, ya no es posible acceder al estudio de la sociedad a partir de las nociones de estructura y superestructura, porque lo objetivo y lo subjetivo, lo simbólico y lo material son elementos indisolubles. Para hacer frente a las carencias de los análisis internos y externos, Bourdieu ha desarrollado la teoría mencionada. Los campos median entre estructura y superestructura, pero permiten una autonomía de estudio, pues presentan una lógica y organización peculiares.

Para Bourdieu es esencial atender al microcosmos en el que se producen obras culturales y estudiar las relaciones que sostiene cada agente o institución con los demás. El campo vendría a ser el espacio en el que se enmarcan estas relaciones y en este ámbito se engendran las estrategias de los productores, la forma de arte que preconizan, las alianzas que sellan, las escuelas que fundan. Los determinantes externos invocados por los críticos marxistas sólo pueden ejercerse por mediación de las transformaciones de la estructura del campo, que ejerce un efecto de refracción parecido al de un prisma. Sólo si se conocen las leyes mediante las que funciona (su coeficiente de refracción, su grado de autonomía), podrán comprenderse los cambios en las relaciones entre escritores, entre los partidarios de los diferentes géneros, concepciones artísticas que suceden cuando se produce un cambio de régimen político o un reajuste económico.

El proceso de análisis de las obras culturales consiste en la correspondencia entre dos estructuras homólogas, la estructura de las obras (géneros, formas, estilos, temas) y la estructura del campo literario. La razón por la que se producen cambios en la cultura, por ejemplo los estudios literarios, reside, según Bourdieu, en los conflictos que surgen de los campos de producción correspondientes. Estas luchas pretenden conservar o transformar la relación de fuerzas instituida. Las estrategias de los agentes y de las instituciones inscritos en estas pugnas, es decir, sus tomas de posición (tanto específicas, como podrían ser las estilísticas, como las no específicas como las políticas) dependen de la posición que ocupen en la estructura del campo, en la distribución de lo que él llama capital simbólico específico y que, por mediación de las disposiciones constitutivas de su habitus, les impulsa ya sea a conservar ya sea a transformar la estructura de esa distribución.

El campo es un mundo relativamente autónomo con sus reglas y su lógica, porque impone los agentes y los objetos que pueden entrar en él. Se trata de un espacio de conflictos en el que los contendientes luchan por monopolizar el capital común. Los agentes que forman el campo (clases, grupos, instituciones) pugan dentro de él para mantenerlo o cambiarlo. Su funcionamiento no puede reducirse a una única lógica. Por lo demás, los campos, tal y como los define Bourdieu, no son entidades intemporales, sino que cambian, se desarticulan y vuelven a articularse de otra manera, es decir, se transforman.

Literatura y compromiso: Sartre [editar]

El dilema de si el escritor debe tomar posición frente a los problemas contemporáneos o atender a su mundo interior ha estado siempre presente: la pregunta arranca de Platón, pero ha tomado un cariz especial a raíz de las guerras mundiales, los genocidios o la degradación de las relaciones humanas y de la naturaleza.

El debate acerca de la transformación de la sociedad a través del arte sufrió un gran impacto con la aparición de ¿Qué es la literatura? (1948) de Jean Paul Sartre.

Sartre dirigió su ensayo a sus contemporáneos pero su objetivo concreto fue rebatir las opiniones vertidas por Julien Benda (1867-1956) en un conjunto de estudios sobre literatura titulado La France byzantine (1945) y en un ensayo aparecido en 1927 y titulado La trahision de los clercs (la traición de los intelectuales).

Ya durante la Primera Guerra Mundial Benedetto Croce había despreciado a los intelectuales que ignoraron su compromiso con la verdad al avalar las mentiras de la propaganda de la guerra, y en 1925 condenó el manifiesto de los intelectuales fascistas. Sus consideraciones no pasaron desapercibidas, pero fue Julien Benda quien más reflexionó en aquellos años sobre el papel que debía cumplir el intelectual en la sociedad. Benda abominaba de aquellos autores que no abordaban las grandes cuestiones que afectaban desde siempre al ser humano y se consagraban a las menudencias políticas de cada día, despreocupándose de los problemas mayores e infectando sus propios escritos con lo cotidiano.

Sartre responde asegurando que la misión del escritor es arrimar el hombro en el momento que le ha tocado vivir, y escribir para los contemporáneos en vez de mirar el mundo con ojos futuros. El escritor no es sinónimo de creador, sino casi de soldado o de combatiente. Frente a los calificativos de obra hermosa o emocionante, el existencialismo de Sartre valora las obras en función de su importancia, de la eficacia para la causa a la que se adhiere. No son sus valores estéticos los que cuentan sino la influencia que su mensaje puede ejercer enn los contemporáneos. Lo primordial de la literatura es servir a la comunidad, y eso es lo que platea Sartre en ¿Qué es la literatura?, donde propuso tres preguntas: ¿Qué es escribir?, ¿Por qué escribir? y ¿Para quién se escribe?

Sartre libera de compromiso a la poesía, porque según él, no utiliza palabras-signos sino palabras-cosas, del mismo modo que la música usa sonidos o la pintura colores. Para el prosista las palabras son significados, son las armas de las que se vale; para el poeta, las palabras son la cosa misma. El escritor vive en una situación, de modo que el silencio es tan responsable, tan culpable, como la acción. Todo escrito posee un sentido, aunque diste de aquel que el escritor quiso dar a sus páginas, pero inevitablemente, el escritor está comprometido hasta su retiro más íntimo, tanto si opina mediante su obra como si calla. Según Sartre, el placer estético es puro cuando llega por añadidura, pero primero ha de reflexionarse sobre la intención de lo que se escribe y solo después considerar el estilo o la construcción literaria.

Para Sartre, en definitiva, se escribe para revelar la relación del hombre con el mundo, lo que implica que se escribe para el público (contemporáneo) y, además, con el objeto de incitar a quienes nos rodean a tomar postura ante lo que se tiene delante. La idea básica es, entonces, que no hay comunicación al margen del tiempo; las obras del espíritu se producen para ser consumidas en el mismo lugar y momento en que se producen.