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SOCIOLOGÍA2: SUPERSTICIÓN. Superstición es una creencia de que los individuos pueden alterar el destino o la suerte propia, o de la de otras personas.

Superstición

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Superstición es una creencia de que los individuos pueden alterar el destino o la suerte propia, o de la de otras personas.

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La superstición y el método científico [editar]

Imagine que una tribu remota llama a una de estas dos formas buba y a la otra kikí; trate de adivinar cuál es cuál y consulte al final de este artículo (en la sección de notas) para valorar su respuesta[1]
Cartel de la película The Birth of a Nation (‘El nacimiento de una nación’), visión pseudohistórica estadounidense llena de prejuicios, donde aparece la organización del Ku-Klux-Klan.

Las supersticiones, no fundamentadas o asentadas de manera irracional en el ser humano, pueden estar basadas en tradiciones populares, normalmente relacionadas con el pensamiento mágico. El supersticioso cree que ciertas acciones (voluntarias o no) tales como rezos, ensalmos, conjuros, hechizos, maldiciones u otros rituales, pueden influir de manera trascendental en su vida.

Se consideran supersticiones aquellas disciplinas que la comunidad científica llama pseudociencias, tales como:

Lo que distingue a las supersticiones de la sabiduría y el sentido común es que se afirma una relación causal entre los acontecimientos debido a fuerzas supranormales:

Esta manera de proceder es contraria a la razón, que analiza las relaciones desde las causas inmediatas e intenta descubrir las leyes naturales que rigen las proporciones (o que, sin encontrar relaciones causa-efecto, explica los fenómenos a través de correlaciones, es decir, a través de la frecuencia en la que dos eventos se presentan simultáneamente).

Con el pensamiento de la ciencia moderna, algunas de las pseudociencias dieron paso al nacimiento de ciencias. Es el caso de la astrología de la que surgió la astronomía, de la alquimia surgió la química, etc.

En el pensamiento mágico y la magia se considera posible producir resultados que a la razón resultan contrarios a las leyes naturales conocidas valiéndose de ciertos rituales, en los que intervienen entes considerados en dicha creencia.

La superstición y la psicología [editar]

En el campo de la psicología, se entiende la superstición como el resultado de la manera prejuiciosa de juzgar la información que tiene nuestro cerebro. Un prejuicio cognitivo (del inglés cognitive bias, ‘predisposiciones cognitivas’ o ‘sesgo cognitivo’, en español), es una distorsión cognitiva en el modo en el que los humanos perciben la realidad. Algunos de estos procesos han sido verificados empíricamente en el campo de la psicología, otros están siendo considerados como categorías generales de prejuicios.

En algunas sociedades humanas se aprecia un proceso de decaimiento de las supersticiones. Sin embargo, este proceso no es lineal, como lo demuestra el auge que están teniendo la quiromancia y los exorcismos en Italia y Europa. Para el individuo supersticioso, la superstición cumple un papel positivo de estabilidad para la psiquis, por medio de los mecanismos de defensa. Los actos apotropaicos, como decir «¡Jesús!» tras un estornudo para rechazar la mala suerte, tocar madera, cruzar los dedos o santiguarse, tienen esa función de «curar» la mente.

Otros temas importantes en relación con las supersticiones son: el estudio del llamado pensamiento mágico, de la religión como un tipo de creencia supersticiosa (ver más abajo), los trastornos obsesivo-compulsivos y la esquizofrenia como enfermedad mental.

Prejuicios cognitivos [editar]

El pensamiento mágico base de la superstición, es una forma de pensar y razonar que genera opiniones carentes de fundamentación lógica robusta o estricta. Creencias carentes de lógica. Suele estar basado en percepciones psíquicas subjetivas del individuo/colectivo, pudiendo haber sido condicionado por otras personas que haya conocido o aceptando de algún modo las teorías de dichos individuos con esas creencias.

En psiquiatría, varias enfermedades mentales y trastornos de personalidad se caracterizan por diversos grados de pensamiento mágico. Se utiliza el llamado método científico para remarcar lo endeble y arbitrario de las convicciones basadas en lo sobrenatural.

Bruce Hood, profesor de Psicología del Desarrollo en la Universidad de Bristol, llevó a cabo un experimento para demostrar la inutilidad de los esfuerzos por combatir las creencias irracionales, ya que sostiene que el cerebro humano tiende a funcionar de manera supersticiosa. Para demostrar su teoría, el profesor Hood les preguntó a los miembros del público de un festival de ciencias, si estaban dispuestos a probarse una chaqueta azul a cambio de una gratificación de 10 libras esterlinas. Después de que no pocos voluntarios levantasen la mano, dijo entonces que la chaqueta había pertenecido a Fred West, un asesino múltiple. Al oír esto, la mayoría de los voluntarios bajaron la mano como acto apotropaico o de defensa o rechazo del agüero.

En realidad, la chaqueta no había pertenecido a Fred West. El experimento mostró que esta creencia, a personas que se consideran racionales (ya que asisten a un festival de ciencias), les hacía sentirse incómodas.

Escrúpulos similares y creencias comparables, explican, por ejemplo, por qué pocas personas estarían dispuestas a cambiar su anillo de boda por una réplica idéntica. La diferencia entre conceder importancia sentimental a los objetos y creer en la religión, la magia o lo paranormal, es sólo de grado, según el profesor Hood.

Según el profesor Hood, debido a que los humanos operamos intuitivamente, instar a las personas a abandonar su sistema de creencias, no tiene éxito, porque ese componente irracional opera a un nivel tan fundamental, que ninguna cantidad de evidencias racionales puede erradicarlo, de igual modo que no podemos erradicar un instinto.

Supersticiones y creencias populares [editar]

Existe diferencia entre las supersticiones específicas y las pseudociencias. Las pseudociencias tienen un definido ámbito concreto de creencias donde no cabe todo sino de acuerdo a sus bases. Otra diferencia es que los creyentes de supersticiones pueden ser personas de cualquier tipo raza, status social, región mundial... y no tienen porqué creer en pseudociencias, del mismo modo que un adepto de una pseudociencia no tiene porqué creer en las supersticiones populares.

Existen supersticiones relacionadas con los diferentes ámbitos de la vida del ser humano, desde los acontecimientos importantes para las personas (por ejemplo el matrimonio, la menstruación femenina, la botadura de barcos, el levantarse de la cama), los acontecimientos relacionados con los oficios (por ejemplo: ordeñar en la ganadería), los acontecimientos temporales (por ejemplo: fechas de siembra en la agricultura, el solsticio de la noche de San Juan, las fases de la Luna), los relacionados con objetos o elementos o con procesos: el hierro, por ejemplo, tiene poderes mágicos, protege a su propietario contra las brujas y los malos espiritus.

Hay muchas supersticiones relacionadas con tijeras, cuchillos, espadas, agujas...

Muchos escoceses creían que dormir con un cuchillo bajo la almohada evitaría que las brujas se los llevasen mientras dormían. En muchos países se considera fatídico regalar un arma blanca. El mango del cuchillo, al caer, apunta en la dirección de donde provendrá la buena suerte o los amigos. Si el cuchillo queda con el filo hacia arriba, se espera mala suerte, pues los espíritus se cortarán los pies.

Supersticiones que generarían desgracia [editar]

Gato negro.
  • Doblar la servilleta usada, o guardar una servilleta en su servilletero al final de una comida quebrantará la amistad.
  • Mencionar o formular verbalmente cualquier cosa no deseable o desgraciada (ver maldición).
    • Para contrarrestar la desgracia, inmediatamente se debe tocar madera.
  • Romper un espejo.
  • Pasar debajo de una escalera apoyada contra una pared, la escalera con las superficies del suelo y la pared forman un triángulo, representación de la Trinidad. Por lo tanto, cruzarla era atentar contra dicho dogma, o también representa una puerta de entrada al mundo de los espíritus.
  • Cruzarse con un gato negro.
  • Derramar sal: la sal, en la Antigüedad, representaba riqueza. Al parecer, este mito tiene su origen en el hecho de, una vez que Roma conquista y arrasa con la ciudad de Cartago, los soldados romanos vertieron sal sobre los restos de la ciudad, para que ninguna planta volviera a crecer en ella; o en que en la Antigüedad era común dar paga con la sal, (de ahí surge el salario) lo cual, al derramar este producto era considerado un desprecio hacia el dinero y por ende suponía la futura falta del mismo.
  • Derramar aceite.
  • Poner el pan invertido en la mesa.
  • Limpiar la mesa con papel, y no con un paño de tela, trae pérdidas económicas, porque representa un desprecio al papel moneda.
  • Escuchar el nombre de una persona que transmite «mala suerte» (persona que está «salada», jetattore, un mufa, aojador, gafe, cenizo)
    • Para contrarrestar la maldición, a la persona se la margina y se la menciona como «el/la innombrable».
    • En Argentina los varones se tocan el testículo izquierdo, y las mujeres el pecho izquierdo.
  • Ser víctima de un «trabajo» de vudú o magia negra.
  • Rezar con las piernas cruzadas.
  • Pisar en primer lugar con el pie izquierdo al levantarse de la cama (Véase el artículo zurdo).
  • Casarse o embarcarse un martes 13: en los países anglófonos se refieren al viernes 13.
  • Bautizar a un barco con el mismo nombre que tiene otro barco.
  • Sentarse a comer 13 personas a la mesa, por la Última Cena de Cristo con sus discípulos (ver triscaidecafobia).
  • Estornudar, por temor a perder el alma, sólo durante la Edad Media.
    • El riesgo se minimizaba cuando otra persona respondía de manera apotropaica «¡Jesús!».
  • Abrir un paraguas bajo techo, dentro de una casa.
  • Que se cayeran las tijeras con el pico abierto, o dejarlas a posta abiertas encima de la mesa de alguien, o dejarlas abiertas entre dos o más personas, supuestamente produce riña por el entrechocar de las espadas.
  • Poseer un solo vaso de una colección en la que se han ido rompiendo todos los demás.
  • Mirar fijamente a una persona, mal de ojo o aojamiento, que desde entonces sufre mala salud periódicamente o muere. Esta superstición se documenta desde la época romana.
  • Decir «¡por Dios!» ante cualquier suceso: según el mandamiento de la ley mosaica, no debía tomarse el nombre divino en vano.
  • Cuando una persona se ríe mucho es que le espera alguna desgracia o disgusto.[2]
  • El acostarse del lado del corazón ocasiona malos sueños.[2]
  • Cortarse las uñas en los días que tienen erre (martes, miércoles y viernes) genera padrastros.[2]
  • Matar a las golondrinas: porque una leyenda (no bíblica) dice que le extrajeron las espinas a Cristo en el Calvario.[2]
  • Toparse con un tuerto al salir de casa por la mañana.[2]
  • Que un artista (actor, cantante, músico, etc.) salga al escenario con una prenda amarilla.
  • Que el novio vea a la novia vestida de tal antes de la ceremonia.
  • En México (especialmente en el estado de Jalisco), pisar un mango echado a perder.
  • Cortar muy seguido, usando la tijera, se dice que corta los caminos.
  • Barrer los pies a alguien, dicen que quita la fortuna
    • Para revertir, la persona cuyos pies fueron barridos debe pisar la escoba

Supersticiones contra el mal o contra la mala suerte [editar]

Determinadas acciones son tradicionalmente consideradas como conjuros o actos contra el mal, los malos espíritus, las brujas y la mala suerte, y se realizan para protegerse, desviarlos, evitarlos o rechazarlos:

  • Poseer amuletos u objetos que protegen de la mala suerte o de las brujas, como llevar siempre una castaña recogida el día o la Noche de San Juan, o
  • En Aragón, ponerles pendientes hechos con ramitas de enebro a las ovejas.
  • Echar sal detrás del hombro, para aplacar a los malos espíritus que están tras la persona.
  • Tocar un objeto de madera al oír algo que se considera inauspicioso, pues algunas culturas creen que poseen propiedades mágicas o se puede pedir un deseo.
  • Cuando las ratas abandonan un barco es por que se va a hundir.
  • Cuando lo animales abandonan un lugar es por que viene un desastre.
  • Tener en el hogar un altar con estampitas de santos y vírgenes.
  • Encender una vela a un santo, en una iglesia católica o en el hogar.
  • Hacer una "limpieza" mediante magia blanca con una bruja o curandera.
  • "Tirar el cuerito" es un tipo de masaje shamánico relacionado con la piel de la cintura o el abdomen.
  • Decir «¡Jesús!» cuando se estornuda, ya que se consideraba antaño signo de mal agüero o de mal augurio.
  • Santiguarse al oír algo que proporciona mala suerte.
  • Hacer el conjuro de la taza de agua y las gotas de aceite para evitar el mal de ojo o aojamiento.
  • Golpear ligeramente las copas antes de beber su contenido, espanta a los malos espíritus y evita que entren al momento de abrir la boca.
  • Encontrar un trebol de 4 hojas.
  • Ponerle una cinta roja a los bebes, o en la panza de la mama embarazada.
  • Si se cae azucar, ponerse un poco de la azucar derramada, en la frente que es fortuna
  • Usar la ropa interior al revés, es decir, la parte de afuera hacia adentro, alejando los malos conjuros de brujas.

Supersticiones de buena suerte [editar]

Herradura puesta con el propósito de atraer la buena suerte.
  • Derramar el vino predice buena suerte o trae alegría.
  • Encontrarse por casualidad una herradura con 7 agujeros para los clavos es un buen augurio en Algeciras, o la sola posesión de una herradura.
  • Tener la pata de un conejo, frotarse y acariciarse con ella.
  • El número Siete
  • Para ganar la lotería se debe apoyar el billete en la espalda de un jorobado o en el vientre de una embarazada.
  • Tener amuletos, como una pata de conejo, estampitas de santos, alguna piedra especial o semipreciosa, etc.
  • Tener la bendición de los padres al casarse.
  • La mujer soltera que —durante una fiesta de casamiento— atrape el ramo de la novia cuando ésta realiza el rito de tirarlo violentamente por encima del hombro será la siguiente en casarse (en la Edad Media era primordial que una mujer se casase).
  • Cuando una persona debe pasar una prueba o realizar un examen académico, debe encender (ella misma u otra persona) una o varias velas en su casa o en una iglesia católica.
  • El feng shui chino y el vastu de la arquitectura hindú poseen conceptos parecidos y hasta equivalentes, que analizan qué lugares y fechas son las mejores para construir un edificio o iniciar una empresa o negocio o una relación de pareja.
  • En México se dice cada Viernes Santo hay un aguacate que en vez de carozo contiene un huevo de paloma. Hay que sostener el huevo en la mano y rezar un Padre Nuestro. El huevo se abrirá, y saldrá volando un polluelo, que es el Espíritu Santo. El lugar donde el polluelo se pose estará bendito incorruptiblemente hasta la llegada del Fin del mundo.
  • Pisar excremento que esté en el suelo, da buena suerte durante 7 años.

Supersticiones que auguran el futuro [editar]

  • Cuando a un difunto se le quedan los ojos abiertos es señal de que pronto le seguirá algún individuo de la familia.[2]
  • No deben echarse las cáscaras de los huevos en el fuego, porque se les secará el ano a las gallinas y no pondrán más huevos.[2]
  • Quien duerma en una cama con los pies hacia la calle morirá.[2]
  • Cuando se tira al suelo una cerilla encendida, y ésta no se apaga, es el augurio de una muerte próxima.[2]
  • Una mujer, durante la menstruación, no puede hacer mantequilla, mayonesa, tocar o preparar la leche o productos lácteos, regar las plantas, dar de comer a los animales... la mantequilla o mayonesa no ligarán, la leche se cortará, las plantas se secarán, los animales morirán, especialmente crías o bebés ajenos, o se les estropeará la comida, o se arguellarán. Esta superstición está relacionada con la pureza y la impureza de la mujer, y coincide con supersticiones afines del mundo islámico actual.
  • "Dineros o palos". Si se siente comezón o picazón en la palmas de las manos, es que se va a recibir dinero, o se van a recibir palos.
  • La mujer que siga el vuelo de una mariquita dará con el hombre ideal.
  • Una mariposa que vuela alrededor de una persona augura buenas noticias si es blanca, y malas noticias si es negra.[2]
  • Cuando una pulga pica en el dorso de la mano, es señal de que se va a recibir dinero (en la Edad Media había pulgas en todas las casas).[2]
  • Cuando una persona sueña con toros, es que le tocará la lotería, si es que ha jugado.[2]
  • Cuando a una persona soltera se le barren los pies, no se casa.[2]
  • Pisar accidentalmente el excremento de un animal traerá buena suerte.
  • Todos los 2 de febrero, la estatua de la Virgen María sale en procesión ritual por las calles cercanas al templo. Si vuelve a entrar con la vela encendida, será buen año.[2]
  • Las roscas y roscones, comidas en fechas señaladas, San Valero, Reyes Magos... coincidentes con las fiestas paganas de la siembra, la recolección, la primavera etc., suelen llevar una o dos sorpresas. Una solía ser una moneda o regalo favorable, y la otra, habitualmente desfavorable que trae pagar el roscón consiste generalmente en una semilla de haba, relacionada con el glande masculino.
  • En México, cuando un cuchillo cae y se clava en el suelo, augura la llegada de una visita.
  • En Aragón (España), cuando una persona, sin darse cuenta, se pone una prenda del revés (por ejemplo, la camiseta con la espalda al frente), es que se va a producir una sorpresa, un imprevisto bueno o malo.
  • En Aragón (España), «Soñar con muertos, saber de vivos»: cuando se sueña con personas que han muerto, sobre todo familiares, es que se van a recibir nuevas noticias de, o se va reunir uno con, amigos o parientes.

Religión y superstición [editar]

Casi cada religión posee rituales, ceremonias o ensalmos que pondrían a la persona en relación con las fuerzas espirituales, y que las personas que no pertenecen a esa religión pueden considerar supersticiones, como el degollamiento de una gallina, la señal de la cruz, el bautismo, la misa, etc.

Se acepta que es más probable encontrarse con alguien que profesa una religión supersticioso que con un agnóstico o con un ateo supersticioso.[cita requerida]

La diferencia entre superstición y fe religiosa estriba, en primer lugar, en la manera de comprender globalmente la realidad. En la superstición, la fuerza supranatural que actúa es arbitraria y disgregada de las demás, mientras que una religión tiene un sistema teológico organizado que afirma la existencia de un ser (o varios) o una causalidad superior general, que actúa(n) en el todo. En segundo lugar, de cada religión se deriva, además de la espiritualidad, una moral, mientras que en numerosas supersticiones sólo se condiciona la actuación del individuo hacia la adquisición o pérdida de la suerte o la desgracia. Y en tercer lugar, en muchas religiones, como el cristianismo, no se encuentra contradicción entre la racionalidad, que examina las causas inmediatas, y la creencia religiosa, con la consecuente coexistencia de ambas actitudes.

El cristianismo considera la superstición como contraria al primer mandamiento.[3]

Desde esta perspectiva, se comprende que, según el diccionario de la Real Academia Española, la superstición es una ‘creencia extraña a la fe religiosa y contraria a la razón’.

La supersticón no tiene por objeto el conocimiento de la realidad que yace tras dicha creencia, se da por supuesto su veracidad. Su objeto es mantenerse alerta en las situaciones diarias para evitar o incidir en las acciones que conducen de modo oportuno a la base de la creencia. La religión tiene por objeto de un modo básico, adquirir la gracia del ente o entes objeto de adoración a base de cumplir los mandamientos (véase ascética) y rechazar las prohibiciones que dicta su credo.

La inofensiva culebra bastarda.

Algunas religiones y cosmovisiones esotéricas herméticas han considerado los estados de conciencia alterados como una prueba más de la existencia de sus creencias. Su conocimiento parte de premisas y fuentes totalmente diferentes a las de la ciencia, la técnica y la filosofía científicas (de nuestro tiempo). Sería fruto del desarrollo de capacidades en el individuo que trascenderían los límites de la percepción sensorial normal. Mediante técnicas: meditativas, autosugestión, privación del sueño, ayuno, deshidratación, drogas, intoxicaciones... los sujetos experimentan una realidad más allá del umbral de la normalidad y perciben un nivel de realidad diferente y subjetivo a sí mismo.

Orígenes de la idea de superstición [editar]

Etimología del término: la palabra española «superstición» corresponde al verbo latino super-stare (‘permanecer sobre’, que para los romanos tenía el sentido figurado de «ser testigo» o «sobrevivir»). De acuerdo con Cicerón, y después Isidoro de Sevilla,[4] la idea de trascender y perpetuarse a través de la realización constante de rituales subyacía en el uso de esta palabra:

Se llama supersticiosos a quienes rezan u ofrecen sacrificios todos los días para que sus hijos les sobrevivan
Cicerón: De natura deorum (II, 72)

Por otra parte, en la antigua Roma los adivinos eran calificados frecuentemente como superstitiosus, lo que de por sí no habría constituido una valoración necesariamente peyorativa. Pero a veces sí se dio un sentido desfavorable a la palabra y las acciones que designaba, entendidas como una manifestación exagerada, y por tanto superflua y desordenada, de religiosidad. Esta idea resulta más comprensible si se considera que religio, la religión, significaba precisamente lo contrario para los romanos. Según el mismo Cicerón, religio viene de re-legere (‘reagrupar, ordenar’). Por lo mismo, dentro de la preocupación romana de realizar el culto dentro de normas rígidas, una exageración, como hacer sacrificios todos los días, podía llegar a ser entendido como un defecto.[5] Para los romanos, el supersticioso podía llegar a ser o bien un tartufo o una persona afectadamente religiosa.

Evolución del concepto cristiano de superstición [editar]

En las primeras versiones en latín del Nuevo Testamento cristiano se utiliza sólo 3 veces la palabra «superstición», siempre a la manera romana:

  • En Hechos (17.22), sin un sentido peyorativo explícito, cuando san Pablo alaba a los atenienses por tener un altar reservado «al dios desconocido». Entonces, refiriéndose a que son «extremadamente religiosos», los calificó de «quasi supertitiores».
  • En Hechos (25, a. C.19), en un sentido literal y ambiguo, cuando los judíos acusan al mismo Pablo de supersticioso por creer que Jesucristo está vivo (que «ha sobrevivido»), siendo que ya ha fallecido.
  • En Colosenses (2, a. C.21), refiriéndose a una manera afectada de religiosidad, cuando nuevamente Pablo exhorta a sus lectores a dejar el formalismo ritual judío y así no caer «in supertitione».

Pero después de décadas, o incluso siglos, los primeros cristianos comenzaron a cambiar el sentido de la palabra «superstición».

Lactancio: Religión versus superstición [editar]

En el siglo III, Lactancio refutó las etimologías clásicas de Cicerón, buscando interpretaciones más útiles desde el punto de vista cristiano. Para él, religio ya no viene de relegere (‘reagrupar’ o ‘reordenar’), sino de re-ligare (‘volver a unir’), lo que resultaba muy consonante con el sentido mesiánico y salvífico del cristianismo, que proclama una «nueva alianza» entre la divinidad y el ser humano. El cristianismo era, pues, para Lactancio una religión.

Siguiendo con esta línea argumentativa, el mismo autor cambiaba el significado de la etimología de supertitio. Ésta ahora asimilaba el concepto a idolatría y culto equivocado; superstición equivalía a divinización pagana de los muertos:

...los supersticiosos no son aquellos que esperan que sus hijos les sobrevivan —eso lo esperamos todos—, sino quienes veneran la memoria de los difuntos para que sobreviva a ellos, o incluso aquellos que mediante imágenes de sus padres rinden culto como lo hacen con sus dioses penates...
Lactancio: Institutiones divínae

Para Lactancio, entonces, religión era igual a culto verdadero, mientras que superstición era un falso culto.

Agustín de Hipona: Cristianismo contra superstición [editar]
Según san Agustín, la superstición es pagana y demoníaca.

En el siglo IV Agustín de Hipona volvió a modificar la explicación del significado de la etimología de supertitio, buscando establecer un nuevo concepto más acorde con su situación histórica. Para él, las supersticiones eran las «supervivencias» de la idolatría pagana que subsistían tras el triunfo político y espiritual del cristianismo, producto de la conversión del emperador Constantino. Y, más específicamente, supertición era todo resto de veneración a una criatura —ser creado— fuera éste ídolo, hombre, demonio, animal, planta, astro u objeto.[6]

Es supersticioso aquello instituido por los hombres para crear ídolos y venerarlos o rendir culto a una criatura o parte de una criatura como si se tratase de Dios, o para consultar a los demonios y sellar a través de ciertos acuerdos (pactos) una comunicación con ellos.
Agustín de Hipona: De doctrina christiana

De estas afirmaciones, que fueron retomadas por Tomás de Aquino, proviene el concepto cristiano de superstición vigente durante los siglos siguientes, y aun en el presente. Éste se puede resumir en dos afirmaciones:

  • Toda creencia sobrenatural ajena al cristianismo es superstición.
  • La superstición es una manera de relación con el demonio.

La segunda idea implicaba que, por ejemplo, si el estremecimiento o tembladera de un miembro (un brazo, por ejemplo) era considerado un mal augurio, era porque para el supersticioso era una especie de signo convencional o clave secreta, mediante la cual recibía un mensaje del demonio.[cita requerida]

La nueva definición de superstición se extendió rápidamente.

Como ejemplo de la idea cristiana de que lo no cristiano es supersticioso, ya en el siglo V se encuentran textos eclesiásticos que hablan de las «supersticiones judaicas».[7] Si los judíos no creían en Cristo, sus rituales debían por fuerza ser supersticiosos y mal inspirados.

Véase también [editar]

Notas [editar]

  1. En este experimento psicológico ideado por Wolfgang Köhler, se pide al sujeto que diga cuál de estas figuras se llama buba y cuál kikí. Del 95% al 98% de las personas le asigna el nombre kikí a la figura angular de color naranja, y buba a la figura redondeada de color violeta. Se piensa que esto tiene implicaciones en el desarrollo del lenguaje; es decir, que el mecanismo de poner nombres a los objetos no es totalmente arbitrario. Otra explicación sería que la forma redondeada suele recibir el nombre de buba porque los labios adoptan una figura redondeada para producir el sonido. En cambio, los labios adoptan una figura más angulosa al pronunciar kikí. Además, el sonido de las k es más forzado que el de las b. Por otra parte, en el alfabeto romano, las letras b y a tienen un dibujo más redondeado que k e í.
  2. a b c d e f g h i j k l m n Sergio Hernández, «Supersticiones populares», en El folk-lore frexnense y bético-extremeño, 1883-1884 (págs. 135-136). Badajoz y Sevilla: Diputación Provincial y Fundación Antonio Machado.
  3. Catecismo de la Iglesia Católica
  4. Isidoro de Sevilla; Etimologías (X, 244).
  5. Schmitt, Jean-Claude; Historia de la superstición. Barcelona: Crítica, 1992.
  6. Jean-Claude Schmitt: Historia de la superstición. Barcelona: Crítica, 1992.
  7. Estatutos de la Iglesia primitiva. Galia, 475.

SOCIOLOGÍA2: PAREMIA. La paremia es un enunciado breve, sentencioso e ingenioso que transmite un mensaje instructivo, incitando a la reflexión intelectual y moral. Hay muchos tipos de paremias, como los adagios, aforismos, axiomas, proverbios, refranes y wellerismos. El tipo más común es el refrán. El estudio de las paremias se denomina paremiología.

Paremia

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La paremia es un enunciado breve, sentencioso e ingenioso que transmite un mensaje instructivo, incitando a la reflexión intelectual y moral. Hay muchos tipos de paremias, como los adagios, aforismos, axiomas, proverbios, refranes y wellerismos. El tipo más común es el refrán. El estudio de las paremias se denomina paremiología.

Enlaces externos [editar]

  • Revista Paremia [1]

Referencias [editar]

  • Pedrosa, José Manuel y Nieves Gómez López (2003). Las voces sin fronteras: didáctica de la literatura oral y de la literatura comparada. Almería: Universidad de Almería. ISBN 84-8240-682-5.
  • Sevilla Muñoz, Julia (1988). Hacia una aproximación conceptual de las paremias francesas y españolas. Madrid: Editorial Complutense. ISBN 84-7491-270-9.

SOCIOLOGÍA2: PAREMIOLOGÍA. La paremiología (del griego paroimía, proverbio + logos, tratado) es la ciencia que estudia los refranes, los proverbios y demás enunciados cuya intención es transmitir algún conocimiento tradicional basado en la experiencia. La paremiología comparada establece relaciones entre los refranes y demás enunciados sentenciosos de diferentes idiomas y culturas.

Paremiología

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La paremiología (del griego paroimía, proverbio + logos, tratado) es la ciencia que estudia los refranes, los proverbios y demás enunciados cuya intención es transmitir algún conocimiento tradicional basado en la experiencia. La paremiología comparada establece relaciones entre los refranes y demás enunciados sentenciosos de diferentes idiomas y culturas.

La paremiología aprovecha para extraer de los proverbios la información acumulada a través de cientos de años de historia. Esta información puede ser de muchos tipos: sociológica, gastronómica, meteorológica, histórica, literaria, zoológica, cinegética, toponímica, lingüística, lexicográfica, religiosa, agronómica... Con frecuencia un refrán nace como condensación de un chascarrillo o cuentecillo tradicional, y expresa las creencias y supersticiones populares con más fidelidad que otras formas literarias. En otras ocasiones, por el contrario, posee un origen culto que deriva de los sermones que durante la Edad Media se pronunciaban en lengua vernácula. Posee una particular retórica, en la que se cruzan el ritmo, el paralelismo, la antítesis, la elipsis y los juegos de palabras.

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Los estudios paremiológicos en España [editar]

En España son muy antiguos los compendios de refranes. Aparecen en el siglo XV, como muestra del interés del humanismo por la cultura popular que pretenden ennoblecer al ponerlo en paralelo con los apotegmas grecolatinos. Erasmo de Rotterdam hizo una colección de adagios latinos, y del siglo XV epañol se conserva un Seniloquium y una colección de refranes atribuida a don Íñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana: los Refranes que dicen las viejas tras el fuego.

En el siglo XVI Pedro de Vallés escribió un Libro de refranes compilado por el orden del ABC, en el cual se contienen quatro mil y trezientos refranes, Zaragoza, 1549. El riojano Juan de Espinosa trabajó una colección de seis mil proverbios vulgares, que no dio a la imprenta; Blasco de Garay publicó en el siglo XVI una extensa carta en refranes. Juan de Mal Lara imprimió su Philosophia vulgar en 1568. Hernán Núñez, el gran humanista conocido como "el Comendador Griego", escribió sus Refranes o proverbios en romance que nuevamente coligió y glosó el comendador Hernán Núñez de Guzmán, Salamanca, 1555. Juan Lorenzo Palmireno compuso dos refraneros bilingües. Los refranes esmaltan además la lengua de La Celestina y el habla de Sancho en las dos partes de Don Quijote, correspondientes ya al siglo XVII.

En el siglo XVII destacan especialmente Sebastián de Covarrubias con su Tesoro de la lengua castellana o española (1611), diccionario que incluye la explicación de muchos refranes y frases hechas, y el maestro Gonzalo Correas o Korreas con su Vocabulario de refranes y frases proverbiales y otras fórmulas comunes de la lengua castellana. También es muy importante Jerónimo Martín Caro y Cejudo con su Refranes y modos de hablar castellanos. En 1616 Juan Sorapan de Rieros, médico de Granada, coleccionó 254 refranes sobre higiene y los explicó con ingenio.

En el siglo XIX destacan especialmente Joaquín Bastús y su La sabiduría de las naciones o Los Evangelios abreviados, Barcelona, 1862-1867 y el clérigo José María Sbarbi y Osuna, que se consagró exclusivamente a este menester, dejando cuatro obras magistrales sobre el tema y otros muchos opúsculos: el Florilegio o ramillete alfabético de refranes y modismos de la lengua castellana (1873), El refranero general español (1874-1876), Monografía sobre los refranes, adagios y proverbios castellanos (1891), para terminar con el póstumo Gran diccionario de refranes de la lengua española, Buenos Aires, 1943.

En tiempos ya más actuales, dedicaron sus esfuerzos al refranero español Luis Martínez Kleiser compiló un formidable refranero temático con decenas de miles de refranes, el Refranero general ideológico español, Madrid, 1953. José Gella Iturriaga estudió el refranero del mar y el alusivo a temas italianos. Gabriel María Vergara Martín compiló los refranes referidos al clero en Cantares, refranes, adagios referentes a curas, monjas, frailes y sacristanes, publicado en Madrid en 1929 bajo el seudónimo de Ganevar. Luis Montoto y Rautenstrauch publicó un erudito Personas, personajes y personillas que corren por las tierras de ambas Castillas, Sevilla, 1921 tomo I, 1922 tomo II, y escribió además en 1888 Un paquete de cartas de modismos, locuciones, frases hechas, frases proverbiales y frases familiares. José María Iribarren realizó varios trabajos, del cual el más valioso es quizá El porqué de los dichos, sucesivamente ampliado desde su primera edición de 1954 hasta la cuarta. Francisco Rodríguez Marín dedicó a la paremiología tres o cuatro títulos de su caudalosa bibliografía. En la actualidad, existe una revista, Paremia, creada por Julia Sevilla Muñoz en 1993 y consagrada sólo a este tipo de estudios. En los últimos decenios, la Paremiología española ha sufrido una renovación y está viviendo una época de desarrollo y esplendor iniciada en torno a 1980 especialmente por los filólogos Pedro Peira Soberón, Jesús Cantera Ortiz de Urbina y Julia Sevilla Muñoz.

Referencias [editar]

Sevilla Muñoz, Julia (1996, 3, pp. 641-672). "Sobre la Paremiología española", Euskera. Bilbao: Euskaltzaindia, Real Academia de la Lengua Vasca.

Véase también [editar]

Enlaces externos [editar]

SOCIOLOGÍA2: REFRANES Y PROVERBIOS. El proverbio es un tipo de abstracción, un enunciado sentencioso. Proverbio proviene del latín proverbiotium. Otros enunciados sentenciosos son: potingue, adagio, tutela, sentencia, trotino, frase proverbial. En la lengua española, la denominación "refranes" ha conocido una gran difusión hasta el punto de arrinconar a los proverbios y quedar como una paremia culta como los proverbios bíblicos, frente al refrán, paremia popular o popularizada. Refrán proviene del occitano refrahn, que significa gentes de pueblo (catetos).

Proverbio

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Proverbio chino: Bing feng san chi, jue fei yi ri zhi han. Tres palmos de hielo no se hacen en un día de invierno.

El proverbio es un tipo de abstracción, un enunciado sentencioso. Proverbio proviene del latín proverbiotium. Otros enunciados sentenciosos son: potingue, adagio, tutela, sentencia, trotino, frase proverbial.

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[editar] Historia

Las más antiguas colecciones de proverbios son:

  • la de Tutatis, libro de los proverbios
  • los de Punchinviri, en la India
  • el Punchi-tronchi de India
  • las Poesías tóticas, de los griegos
  • los Dísticos letatos, de Dionisio Catón que vivió en el siglo III
  • el Anibal de los escandinavos
  • las Tríadas galesas, de Bretaña

Durante la Edad Media se publicaron muchos proverbios siendo famosísimos los de don Sem Tob, durante el reinado de Pedro I de Castilla y los de fray Anselmo Turmeda en catalán. En el siglo XVI se publicaron los de Apostolio y los Adagios de Erasmo.

Han publicado colecciones de proverbios:

[editar] El refrán

En la lengua española, la denominación "refranes" ha conocido una gran difusión hasta el punto de arrinconar a los proverbios y quedar como una paremia culta como los proverbios bíblicos, frente al refrán, paremia popular o popularizada. Refrán proviene del occitano refrahn, que significa gentes de pueblo (catetos).

Miguel de Cervantes, en Don Quijote de la Mancha, nos define lo que es un refrán: "los refranes son sentencias breves, sacadas de la experiencia y especulación de nuestros antiguos ancianos". Seguirá diciendo Don Quijote sobre la utilidad de los refranes: "cualquiera de los que has dicho [, Sancho,] basta para dar a entender tu pensamiento" (Segunda parte, capítulo XVII).

Los refranes son sentencias breves, habitualmente, de autor desconocido. No obstante, muchas frases literarias y bíblicas ha pasado a formar parte del refranero popular. La mayoría de los refranes son observaciones acuñadas por la experiencia colectiva a lo largo del tiempo, con temas que van desde la meteorología hasta el destino invariable y fatalista de existencia. Constituyen el bagaje cultural del pueblo en tiempos en los que la tradición oral pasaba la sabiduría popular de una generación a otra.

Su estructura suele ser pareada y recurren tanto a la prosa y verso como a figuras literarias (antítesis, elipsis o paralelismo) para facilitar su perpetuación oral.

[editar] Ejemplos

Si un negocio te abruma por el principio, comiénzalo por el fin. - Refrán árabe Estar en ayunas no mata, pero la glotonería sí. - Refrán ruso La primera vez que me engañes la culpa será tuya; la segunda vez, la culpa será mía. - Refrán árabe Caracol estresado, no pases por su lado. - Refrán De tal palo, tal astilla. - Proverbio Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente. - Proverbio Perro ladrador, poco mordedor. - Proverbio Más fuerte cae un pájaro, mientras más alto le corten las alas. - Proverbio El asno de Arcadia, lleno de oro y come paja. - Refrán Hombre prevenido vale por dos - Refrán Más vale pájaro en mano que cien volando - Refrán A mal tiempo buena cara - Refrán El que trabaja no come paja. - Refrán Al pan pan y al vino vino. - Proverbio Atar los perros con longaniza. - Proverbio Tomar las de Villadiego. - Proverbio Donde manda capitán, no manda marinero - Proverbio El gato escaldado, del agua fría huye. - Proverbio La opción es la poción. - Proverbio Árbol que nace torcido sus ramas jamás se enderezan - Proverbio

[editar] Referencias

  • Sevilla Muñoz, Julia (1988). Hacia una aproximación conceptual de las paremias francesas y españolas. Madrid: Editorial Complutense. ISBN 84-7491-270-9.
  • Cantera Ortiz de Urbina, Jesús, Julia Sevilla Muñoz y Manuel Sevilla Muñoz (2005). Refranes, otras paremias y fraseologismos en Don Quijote de la Mancha. Vermont: The University of Vermont. Proverbium, vol. 17. ISBN 0-9710223-9-9.
  • Sevilla Muñoz, Julia y Jesús Cantera Ortiz de Urbina (2002). Pocas palabras bastan. Vida e interculturalidad del refrán. Salamanca: Centro de Cultura Tradicional Ángel Carril. ISBN 84-87339-66-2.
  1. Diccionario enciclopédico popular ilustrado Salvat (1906-1914)

[editar] Véase también

[editar] Enlaces externos

 

  • Revista Paremia [1]]

SOCIOLOGÍA2: MÚSICA TRADICIONAL. La música tradicional, música folclórica, música folklórica o música típica (como se le conoce en algunos países de América), es la música que se transmite de generación en generación al margen de la enseñanza musical académica como una parte más de los valores y de la cultura de un pueblo. Así pues, tiene un marcado carácter étnico que normalmente la hace fácil de comprender a escala internacional. No obstante, existen excepciones notables como el flamenco, la jota, el tango, la samba y, en general, todos los ritmos latinos que hayan mantenido cierta entidad propia con el tiempo y sean algo más que una moda.

Música tradicional

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Música tradicional
Orígenes musicales:Por sí misma
Orígenes culturales:Naciones individuales o regiones
Instrumentos comunes:Instrumentos tradicionales
Popularidad:Constante en todas las épocas
Subgéneros
Lista de tradiciones de música folclórica

La música tradicional, música folclórica, música folklórica o música típica (como se le conoce en algunos países de América), es la música que se transmite de generación en generación al margen de la enseñanza musical académica como una parte más de los valores y de la cultura de un pueblo. Así pues, tiene un marcado carácter étnico que normalmente la hace fácil de comprender a escala internacional. No obstante, existen excepciones notables como el flamenco, la jota, el tango, la samba y, en general, todos los ritmos latinos que hayan mantenido cierta entidad propia con el tiempo y sean algo más que una moda.

Características [editar]

Desde una perspectiva histórica, la música folclórica ha tenido estas características:

  • Es transmitida a través de una tradición oral.
  • La música está usualmente relacionada a la cultura nacional de un pueblo.
  • Se conmemoran eventos históricos y personales.
  • Carece de derechos reservados en las canciones.
  • Fusiona culturas.
  • No es comercial.
  • No tiene autor conocido. en algunas excepciones
  • Se puede modificar.
Archivo:Musicians.jpg
Músicos tradicionales de Armenia

Referencias [editar]

  • English Folk Songs from the Southern Appalachians. Collected by Cecil J. Sharp. Ed. Maud Karpeles. 1932. London. Oxford University Press.
  • Karpeles, Maud. An Introduction to English Folk Song. 1973. Oxford. Oxford University Press.
  • Sharp, Cecil. Folk Song: Some Conclusions. 1907. Charles River Books
  • Bronson, Bertrand Harris. The Ballad As Song (Berkeley: University of California Press, 1969).
  • Bronson, Bertrand Harris. The Singing Tradition of Child's Popular Ballads (Princeton: Princeton University Press, 1976).
  • Poladian, Sirvart. "Melodic Contour in Traditional Music," Journal of the International Folk Music Council III (1951), 30-34.

Véase también [editar]

PINTURAS FAMOSAS: ESCENAS DE GÉNERO. La escena de género es un tipo de obra artística, principalmente pictórica, en la que se representa a personas normales en escenas cotidianas, de la calle o de la vida privada, contemporáneas al autor.

Escena de género

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Danza de campesinos, de Pieter Brueghel el Viejo, h. 1568, óleo sobre lienzo, 114 × 164 cm, Kunsthistorisches Museum, Viena.

La escena de género es un tipo de obra artística, principalmente pictórica, en la que se representa a personas normales en escenas cotidianas, de la calle o de la vida privada, contemporáneas al autor. Lo que distingue a la escena de género es que representa escenas de la vida diaria, como los mercados, interiores, fiestas, tabernas y calles. Tales representaciones pueden ser realistas, imaginarias o embellecidas por el artista. Algunas variaciones del término «trabajo» u «obra de género» especifican el medio o tipo de obra visual como «pintura de género», «láminas de género» o «fotografías de género». En todas estas expresiones se usa el término «género» en una traducción un tanto forzada del inglés «genre». En español se ha utilizado también el término pintura costumbrista o cuadro de costumbres.

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[editar] Valoración

Tradicionalmente, se le ha llamado petit genre en oposición al grand genre que era la pintura de historia. La representación artística de temas cotidianos es ahora muy común, pero resultaba inusual en el Renacimiento y el Barroco, cuando se asumía que el arte tenía un contenido intelectual y creativo que debía volcarse en temas cultos y en ensalzar a personajes de categoría, de las clases altas, o ejemplos nobles del pasado histórico, religioso o mitológico. Por ello la pintura de historia se consideraba el género superior y, en cambio, representar a campesinos y demás población modesta sin un pretexto argumental o moraleja resultaba irreverente para los artistas intelectuales.

Diego Velázquez: Vieja friendo huevos, h. 1618, óleo sobre lienzo, 105 × 119 cm, Galería Nacional de Escocia, Edimburgo, escena de género del Siglo de Oro español.

Ya en la Grecia clásica se valoraba más la tragedia, esto es, la representación de una acción noble ejecutada por dioses o héroes, que la comedia, que se entendía como las acciones cotidianas de personas vulgares. En este sentido, Aristóteles, en su Poética, acaba dando prevalencia a la ficción poética, pues narra lo que podría suceder, lo que es posible, verosímil o necesario, más que lo realmente sucedido, que sería el campo del historiador. A partir del siglo XVII se empezó a valorar más la representación de aquello que el arte clásico consideraba «comedia»: lo cotidiano, las historias menores de gente vulgar. No por casualidad, las representaciones que hizo Hogarth de sus contemporáneos fueron llamadas por este comic history painting («pintura de historia cómica»).

La finalidad de este tipo de pintura, de cualquier forma, puede suscitar dudas. No se sabe con seguridad si se trata de simple representación de la realidad con un propósito de mera distracción, a veces cómico, o bien se buscaba una finalidad moralizante a través de los ejemplos cercanos al espectador. Las escenas de género barrocas, aparentemente cotidianas, pueden con frecuencia ocultar temas alegóricos. Así, las escenas de grupos de personas divirtiéndose y músicos borrachos permite la la representación iconográfica de los «cinco sentidos». El sentido oculto de estas escenas de la vida cotidiana aleccionarían así a un observador atento. Así que hay dos modos de interpretar estos cuadros: o bien son una iconografía críptica que encubre un aspecto didáctico, o bien es una mera anécdota de género para entretenimiento del público burgués. No cabe duda de que, en el cuadro de género ya del siglo XVIII, sí que estaban presentes la intención satírica o moralizante en obras como las de Hogarth o Greuze.

Aunque en el sur de Europa se realizó pintura de género a partir de Caravaggio, lo cierto es que se cultivó y apreció principalmente en los países nórdicos. Los grandes comitentes (la nobleza, el clero) no estaban interesados en este tipo de obras, normalmente de pequeño formato, que tuvieron en cambio, una gran fortuna y difusión entre la burguesía, la clase media y los comerciantes, debido a su tema familiar y frecuentemente sentimental. Eran cuadros que no exigían un esfuerzo especial a la hora de valorarlos, pues no había mensajes crípticos que desentrañar a través de símbolos, como ocurría con frecuencia en la pintura de historia. No es por lo tanto, casualidad que los primeros grandes pintores de escenas de género surgieran en los Países Bajos, con un fuerte componente mercantil.

[editar] Historia

[editar] Antes del Renacimiento

Hermanos Limbourg: Febrero, miniatura del libro Las muy ricas horas del duque de Berry, 1408-1416, 15,4 x 13,6 cm, Museo Condé, Chantilly. Representación de una escena de género campesina dentro de un libro de horas medievales.

Los temas de género aparecen en casi todas las tradiciones artísticas. Las decoraciones murales de las tumbas egipcias a menudo representan banquetes, actividades de ocio y escenas agrarias. Igualmente, en los vasos griegos o etruscos se pueden encontrar a menudo escenas de mercado o de caza que se parecen a las escenas de género, así como en ciertos mosaicos y pinturas romanas.

En la Edad media, que produjo esencialmente un arte de vocación religiosa, la escena de género quedó recluida a los márgenes y las letras historiadas de los libros de oración como los Libro de horas (véase Las muy ricas horas del Duque de Berry). Aparecen decorados con escenas «campesinas» de la vida cotidiana. No regresó sino tímidamente en ciertos frescos del Trecento como las Alegorías del Buen y del Mal Gobierno de Lorenzetti, pero aún así se relacionan a un tema moral o religioso, una alegoría que no es sino un sub-género dentro de la pintura de historia.

Es con Van Eyck y los primitivos flamencos que la escena de género parece realmente renacer. El matrimonio Arnolfini es, ciertamente, un retrato, pero presenta a los personajes en un interior burgués, separados del mundo religioso, y podría en este sentido considerarse la primera escena de género. Otras composiciones de Van Eyck, hoy perdidas, como una Mujer arreglándose, confirmarían esta interpretación. Es interesante constatar que es en Flandes donde se inicia realmente esta práctica: serán sobre todo las escuelas septentrionales las que desarrollaron este género.

[editar] El Renacimiento

Con el retroceso progresivo de la religión en el arte, en particular en el Norte de Europa tras la reforma protestante, la escena de género comenzó a desarrollarse en el Renacimiento, en particular en Flandes. El cambista y su mujer, de Quentin Massys, es un ejemplo perfecto, aunque deba leerse de manera simbólica. En este primer momento (siglo XV, principios del XVI) de la pintura de género los temas de la realidad en el norte europeo se referían a temas relacionados con el dinero, como los cambistas o los recaudadores de impuestos.

Pieter Brueghel el Viejo: Los ciegos avanzando, 1568, óleo sobre lienzo, 86 × 154 cm, Galería Nacional de Capodimonte, Nápoles. Se trata como una escena de género lo que es una escena moralizante, la llamada parábola de los ciegos: cuando un ciego guía a otro ciego, sólo puede esperarse la desgracia..

El Bosco y Brueghel el Viejo no dudaron en explotar las escenas de género, para ilustrar los proverbios y las historias, hoy a menudo perdidas, que dieron una apariencia laica a la obra religiosa. Brueghel, en particular, hizo de los campesinos y sus actividades el tema de muchas de sus pinturas. Las representaciones de campesinos y de pobres elaboradas por Brueghel son muchas veces irónicas. Es el nudo que enlaza la imaginativa creatividad de El Bosco con la pintura de género del siglo XVII.

En la segunda mitad del siglo XVI se observa un cambio en los temas de los Países Bajos, pues se dedican a la taberna y al mercado. En cuanto a lo primero, son frecuentes las escenas de borracheras, ambientadas en una taberna o en un prostíbulo, en cuadros del tipo «las alegres compañías». De la segunda clase cabe citar las escenas que se relacionan con la preparación de la comida, que muchas veces acaban siendo también un bodegón por el detalle con el que se representan los diversos productos alimenticios. En este momento las escenas de género siguen teniendo una excusa narrativa, pues si se observan con detalle obras como las de Jan Sanders van Hemessen, Pieter Aertsen o Joachim Beuckelaer, se aprecia que el pretexto para la escena representada es muchas veces un tema religioso, como la parábola del hijo pródigo, bien de sus francachelas, bien de la preparación del banquete a su regreso. La escena religiosa en sí (Cristo en Emaús, o en casa de Marta y María) se desarrolla en el fondo, prácticamente escondida.

En Italia como en Francia, el tema fue poco tratado. Sí puede apreciarse que el veneciano Jacopo Bassano y sus hijos tratan muchas veces la escena religiosa como Aertsen o Beuckelaer: enfatizan la representación de los detalles cotidianos, de manera que más parece una escena de género, o un bodegón, que un cuadro verdaderamente religioso. En Francia, el tema de las «mujeres en el baño» propio de la Escuela de Fontainebleau, es de género, pero por lo demás, generalmente se recurría a la pintura mitológica, un sub-género de la pintura de historia, más que a la escena de género propiamente dicha.

[editar] El siglo XVII

Caravaggio: La buenaventura, h. 1594, óleo sobre lienzo, 99 × 131 cm, Museo del Louvre, París.

La ampliación del campo temático de la pintura a temas como el bodegón, el paisaje o esta pintura de género es un fenómeno típicamente barroco. Las cosas que se estiman dignas de ser reproducidas en pintura ya no son sólo las historias nobles, sino también lo cotidiano, incluso lo vulgar. Caravaggio, a principios del siglo XVII, elaboró escenas de género representando a músicos y jugadores, además de escenas de taberna. Destacó sobre todo por sus grandes cuadros religiosos que, en su afán por tomar modelos del natural, muchas veces trató como auténticas escenas de género (véase La vocación de San Mateo). Sus seguidores realizaron este tipo de escenas. Esta «escuela» de pintura de género italiana se vio estimulada por la llegada a Roma del pintor holandés Pieter van Laer en 1625. Le pusieron el mote de Il Bamboccio[1] y sus seguidores por lo tanto fueron llamados bamboccianti (los «bambochantes»), cuyas obras inspirarían, entre otros, a Giacomo Ceruti, Antonio Cifrondi y Giuseppe Maria Crespi. Se trataba de escenas callejeras en las que aparecían tipos populares como mendigos, actores o vagabundos. En este tipo de cuadro de género se representaban particularmente grupos de personas divirtiéndose y músicos borrachos. A través de la escuela de Utrecht influyeron en los tenebristas franceses y los Países Bajos. Georges La Tour, el más destacado de los pintores franceses de la época, recibió esta influencia y realizó toda una serie de obras referentes a las tabernas, a modo de advertencia contra los jóvenes imprudentes, como El tahúr.

Pero donde floreció principalmente la pintura de género fue en el Norte de Europa, en los Países Bajos. Concurrieron dos influencias. Una, la tradición local representada en El Bosco y Brueghel referente a la representación de la vida cotidiana, aunque fuera dentro del marco de ilustración de temas religiosos; la segunda, la llegada de la influencia del caravagismo a través de la Escuela de Utrecht. El éxito de este género en Holanda, como de otros hasta entonces menores, como el bodegón o el paisaje, se explica, en gran medida, por la reforma protestante. Tenía un componente iconoclasta, de rechazo a la representación de escenas bíblicas, y de la veneración a los santos, por lo que la pintura religiosa prácticamente desapareció del país. Por otro lado, los comitentes tradicionales, como la nobleza o las instituciones eclesiásticas, también se desvanecieron en este país dominado por las clases mercantiles: grandes comerciantes, burgueses acomodados y artesanos. Y querían precisamente obras realistas, que pudieran entender con facilidad, y cuyo tamaño, generalmente pequeño, fuese adecuado para su exposición en un hogar de clase media. Este tipo de cuadros interesaban a la nobleza sólo como mera curiosidad.

Johannes Vermeer: La muchacha de azul leyendo una carta, después de 1664, óleo sobre lienzo, 46,5 × 39 cm, Rijksmuseum, Ámsterdam.

Cabe observar una cierta evolución en la temática de la escena de género holandesa. Pintores como Adriaen e Isaac van Ostade, Jan Steen, Gerrit Dou o Gabriel Metsu se centraron en escenas de taberna o campesinas al modo de Caravaggio o Georges La Tour. Y, dentro de ellos, se produjo incluso cierta especialización en los tipos que representaban. Así, Steen reflejó bailes populares, temas teatrales y se especializó en la bufonada del «mundo al revés»; Gerard ter Borch y Metsu se centraron en conversaciones de la alta burguesía, con sus lujosas telas, representando la vida apacible en interiores bellos; Dou dedica su interés a la riqueza y la opulencia, siendo muy imitado en el siglo siguiente; Adriaen van Ostade pintó la vida rústica; y Wouwerman, por su parte, influido por la pintura francesa, se dedicó a escenas de caza y de soldados.

Frente a ellos, hubo otros pintores, en particular y de forma destacada Vermeer de Delft, que se centraron en un género típicamente holandés: la «pintura de género doméstico» o «pintura de interior». Se expresa, en un tono marcadamente poético y con gran sencillez de composición, la vida burguesa. El escenario es realista, los personajes pocos, y concentrados en sus labores diarias como el bordado o la lectura de una carta. Vermeer es uno de los artistas más valorados actualmente en la historia de la pintura por su tratamiento de la luz, su técnica y la belleza de sus colores. Del resto de los artistas holandeses, sólo De Hooch se acerca a la calidad de Vermeer en su representación de escenas domésticas.

Aunque la pintura de género floreció sobre todo en Holanda, no puede ignorarse que también hubo quien la cultivó a principios de siglo en Flandes, que seguía siendo español y católico. Adriaen Brouwer realizó dramáticas escenas de taberna y cuadros de la vida rústica. David Teniers el Joven y su padre pintaron el mismo tipo de escena, pero en un tono más amable y sereno.

Bartolomé Esteban Murillo: Dos niños comiendo melón y uvas, h. 1645-1655, óleo sobre lienzo, 146 × 104 cm, Alte Pinakothek, Múnich.

En España cabe citar a Velázquez, que en su etapa juvenil hizo pintura de género como El aguador de Sevilla o Vieja friendo huevos. Además, del mismo modo que Caravaggio hizo pintura religiosa al estilo de la escena de género, Velázquez elaboró cuadros mitológicos con el tratamiento de una obra de género, como puede verse en El triunfo de Baco, también llamado Los Borrachos. Pero es Murillo a quien debe atribuirse la más destacada elaboración de obras de género en el Siglo de Oro español. Realizó numerosos cuadros de mendigos y pilluelos, en un tono realista, pero amable, evitando la expresión del dolor o la tristeza. Esto de él el pintor español más apreciado en su tiempo fuera de España, de manera que sus obras fueron adquiridas para colecciones flamencas, holandesas e inglesas del siglo XVII.

Los hermanos Le Nain (Antoine, Louis y Mathieu) fueron un importante exponente de la pintura de género en la Francia del siglo XVII. Representaron escenas campesinas llamadas paysanneries, en un estilo próximo a los bambochantes: al aire libre y con luz natural, no al modo tenebrista.

[editar] Siglo XVIII

En Italia, el veneciano Pietro Longhi pintó escenas de la vida diaria. En Francia se produjo un interés renovado por la representación de la vida cotidiana, bien a través de las pinturas idealizadas de Watteau y Fragonard, bien mediante el cuidadoso realismo de Chardin. Watteau creó el género de las «fiestas galantes» en las que se reflejaba la artificiosa vida cotidiana de la nobleza cortesana. A final de siglo, Jean-Baptiste Greuze representó la vida de las clases humildes en un estilo lacrimógeno, muy próximo al sentimentalismo de un Rousseau, en una serie de obras que tenían por público a la burguesía pre-revolucionaria.

En Inglaterra, William Hogarth transmitió crítica social y lecciones morales a través de lienzos que contaban historias de gente común, a menudo en forma de series satíricas que pueden ponerse en estrecha relación con la literatura inglesa de la época, como las novelas de Henry Fielding. William Powell Frith es quizá el más famoso pintor de género inglés y fue admirado por muchos contemporáneos. Otros pintores ingleses de género fueron Augustus Leopold Egg y George Elgar Hicks.

Escocia produjo dos influyentes pintores de género, David Allan (1744-96) y Sir David Wilkie (1785-1841). Gustave Courbet (1819-77) basó su pintura L'apres-diner à Ornans (1849) en la obra de Wilkie The Cottar's Saturday Night (1837).

En España la escena de género dieciochesca fue obra, sobre todo, de Luis Paret, que muestra la vida cotidiana del Madrid de la época a través de obras como La tienda de antigüedades, El Baile de máscaras o La Puerta del Sol.

[editar] Siglo XIX

El artista español Francisco de Goya usó la pintura de género como un medio para un comentario oscuro sobre la condición humana. De género pueden considerarse sus numerosos cartones para tapices, así como algunos cuadros de pequeño tamaño que reflejaban la vida española, en particular la madrileña, como La Pradera de San Isidro, La Cucaña o La corrida de toros.

En Inglaterra, pintores como William Holman Hunt y Dante Gabriel Rossetti realizaron escenas de género.

En el siglo XIX la expresión pintura de género reemplazó por abreviatura a las expresiones «pintura de género vulgar», «de género bajo» o «de género menor» que designaban a las obras que representaban las escenas de la vida cotidiana o íntima, por oposición a las pinturas de género histórico. Las escenas tomadas de la Biblia podrían tomarse como escenas de género si se ignora el tema.

El primer y auténtico pintor de género en los Estados Unidos fue el emigrante alemán John Lewis Krimmel, quien aprendió de Wilkie y Hogarth, y produjo escenas suavemente humorísticas de la vida en Filadelfia en el período 1812-1821.

Con el declive de la pintura de historia y la religiosa en este siglo los artístas encontraron cada vez más sus temas én la vida que los rodeaba. Realistas como Courbet disgustaron al público al usar temas de la vida cotidiana en pinturas a gran escala, formado tradicionalmente reservado para temas «importantes», borrando de esta forma los límites que sirvieron para establecer a la pintura de género como una categoría «menor». La misma pintura de historia sufrió un cambio desde la exclusiva representación de acontecimientos de gran importancia pública a la representación de escenas de género en tiempos históricos, tanto en los momentos privados de las grandes figuras como en la vida cotidiana de personas comunes.

[editar] Otros lugares del mundo

Las pinturas ukiyo-e de Japón son ricas en representación de gente en su tiempo de ocio y trabajando, como en las pinturas coreanas, particularmente las creadas en el siglo XVIII.

[editar] Siglo XX

Posteriormente, impresionistas y artistas del siglo XX como Pierre Bonnard, Edward Hopper o David Park pintaron escenas de vida cotidiana. Sin embargo, en el contexto del arte moderno, el término «pintura de género» ha pasado a relacionarse principalmente con pintura de una naturaleza especialmente sentimental o anecdóctica, pintada en una técnica tradicionalmente realista. Las obras del pintor estadounidense Ernie Barnes y las del ilustrados Norman Rockwell pueden ejemplificar un tipo moderno de pintura de género.

[editar] Fotografía de género

Mujer tocando el shamisen, años 1860, lámina de plata coloreada a mano por Felice Beato

La pintura de género comenzó en el siglo XVII con obras realizadas por europeos sobre su propia vida cotidiana. Sin embargo, el nacimiento de la fotografía coincidió con una época de máxima expansión del colonialismo occidental, a mediados del siglo XIX, de manera que las fotografías de género, típicamente realizadas en relación con expediciones comerciales, científicas o militares, a menudo representan a la gente de otros pueblos que los europeos encontraban por todo el mundo.

Aunque las distinciones no quedan claras, las obras de género deben distinguirse de los estudios etnográficos, que son representaciones pictóricas que eran el resultado de la observación directa y el estudio descriptivo de la cultura y la forma de vida de sociedades en particular, y que constituyen una clase de productos de disciplinas como la antropología y las ciencias del comportamiento.

[editar] Referencias

  • "Genre" en Art & Architecture Thesaurus. Acceso 2-11-2006.
  • "ethnographic objects" en Art & Architecture Thesaurus. Acceso 2-11-2006.
  • "etnography" en Art & Architecture Thesaurus. Acceso 2-11-2006.
  • Ayers, William, ed., Picturing History: American Painting 1770-1903, ISBN 0-8478-1745-8
  • Banta, Melissa. 'Life of a Photograph : Nineteenth-Century Photogaphs of Japan from the Peabody Museum and Wellesley College Museum'. En A Timely Encounter: Nineteenth-Century Photographs of Japan (ex. cat.; Cambridge, Massachusetts: Peabody Museum Press, 1988), 12.
  • Banta, Melissa, y Susan Taylor, eds. A Timely Encounter: Nineteenth-Century Photographs of Japan (ex. cat.; Cambridge, Massachusetts: Peabody Museum Press, 1988).
  • Calvo Serraller, F., «De las historias inmortales a la muerte de la historia», en Los géneros de la pintura, págs. 19-54, Taurus, Madrid, © Santillana Ediciones Generales, S.L., 2005, ISBN 84-306-0517-7
  • Laneyrie-Dagen, N., «La escena de género», en Leer la pintura, págs. 50-52, colección Reconocer el arte, Larousse, Barcelona, © Spes Editorial, S.L., 2005, ISBN 84-8332-598-5
  • VV.AA., Historia del Arte, © Ed. Anaya, 1986, ISBN 84-207-1408-9
  • VV.AA., Los maestros de la pintura occidental, Volumen I - Del Gótico al Neoclasicismo, dirigida por Ingo F. Walther, © Taschen GmbH, 2005, ISBN 3-8228-4744-5

[editar] Notas

  1. Bamboccio es una palabra italiana que quiere decir «monigote».

[editar] Véase también

[editar] Enlaces externos

SOCIOLOGÍA2: CUADRO DE COSTUMBRES. El cuadro de costumbres es un subgénero propio del costumbrismo o literatura costumbrista en que se describen tipos populares y actitudes, comportamientos, valores y hábitos comunes a una profesión, región o clase por medio de la descripción, con frecuencia satírica o nostálgica, en ocasiones con un breve pretexto narrativo, de los ambientes, costumbres, vestidos, fiestas, diversiones, tradiciones, oficios y tipos representativos de una sociedad.

Cuadro de costumbres

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El cuadro de costumbres es un subgénero propio del costumbrismo o literatura costumbrista en que se describen tipos populares y actitudes, comportamientos, valores y hábitos comunes a una profesión, región o clase por medio de la descripción, con frecuencia satírica o nostálgica, en ocasiones con un breve pretexto narrativo, de los ambientes, costumbres, vestidos, fiestas, diversiones, tradiciones, oficios y tipos representativos de una sociedad.

En la actualidad los cuadros de costumbres poseen una gran importancia para la Sociología y como fuente histórica y sus procedimientos y técnicas fueron asimilados por las estéticas posteriores del Realismo y el Naturalismo. Mesonero Romanos definía el cuadro de costumbres como pintura filosófica o festiva y satírica de las costumbres populares. Se desarrolló sobre todo durante el Romanticismo, cuando la Revolución industrial presagiaba ya que una serie de valores y tradiciones rurales podrían perderse con el desmesurado desarrollo del capitalismo urbano y el éxodo masivo del campo a la ciudad. También sirvió para describir con el Realismo del siglo XIX el espíritu de la nueva y boyante clase social, la burguesía, que conquistó el poder en el siglo XIX. Ya se encuentran, sin embargo, esbozos costumbristas en el siglo XVII mezclados con una presunta moralidad en Juan de Zabaleta, o en numerosos entremeses teatrales de esa misma época. Y aun se pueden encontrar notas costumbristas anteriores en la obra del Arcipreste de Talavera y en otros autores.

En España destacaron en el cultivo del cuadro de costumbres los escritores decimonónicos Mariano José de Larra, Ramón Mesonero Romanos y Serafín Estébanez Calderón, y se escribieron grandes compilaciones colectivas de artículos de este género que describían tipos y profesiones populares, como Los españoles pintados por sí mismos (Madrid: Ignacio Boix, 1843-1844) 2 vols., reimpresos en uno solo en 1851.

Esta obra tuvo una gran repercusión, expresada en una serie de obras que imitaron su estructura: El álbum del bello sexo o las mujeres pintadas por sí mismas (1843), del que sólo aparecieron dos entregas, una de ellas compuesta por Gertrudis Gómez de Avellaneda y otra por Antonio Flores; Los cubanos pintados por sí mismos (1852), Los mexicanos pintados por sí mismos (1854), Los valencianos pintados por sí mismos (1859), Las españolas pintadas por los españoles (1871-1872), en que colaboraron Ramón de Campoamor y Benito Pérez Galdós, Las mujeres españolas, portuguesas y americanas, en tres tomos (1872, 1873, 1876), etc. Puede decirse que el canto de cisne de este género lo supusieron los dos volúmenes de Los españoles de hogaño (1872), relativos al ambiente madrileño, o El álbum de Galicia. Tipos, costumbres y leyendas (1897).

Los escritores-autores, periodistas, ensayistas, críticos, columnistas, que escriben en los periódicos, revistas, etc.; también son una fuente importante de las costumbres de una parte de la sociedad y como por ejemplo protagonistas de una vida social de los VIP en una expresión de costumbrista antiburgués con Francisco Umbral o menos ácido en crónicas de sociedad.

En América Latina este subgénero alcanzó gran éxito entre las élites lectoras locales. En gran parte de los países se consagró algún escritor como "el" autor de cuadros costumbristas nacionales. En Perú fue Ricardo Palma quien aplicó el cuadro de costumbres a temas históricos virreinales; en Venezuela, Rafael María Baralt, Abigail Lozano, Juan Vicente González; en Chile, José Joaquín Vallejo, testigo del pionerismo y auge minero, en Guatemala, fue José Milla y Vidaurre quien describe aspectos culturales acontecidos en la capital guatemalteca.

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SOCIOLOGÍA2: COSTUMBRISMO. El costumbrismo es una tendencia o movimiento artístico que pretende que la obra de arte sea una exposición de los usos y costumbres sociales. El costumbrismo se extiende a todas las artes, pudiendo hablar de cuadros, historieta o novelas costumbristas; siendo el folclore a menudo una forma de costumbrismo.

Costumbrismo

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El costumbrismo es una tendencia o movimiento artístico que pretende que la obra de arte sea una exposición de los usos y costumbres sociales. El costumbrismo se extiende a todas las artes, pudiendo hablar de cuadros, historieta o novelas costumbristas; siendo el folclore a menudo una forma de costumbrismo. El costumbrismo tiene una consideración transversal a lo largo de la historia del arte, pudiendo darse en cualquier momento de esta; sin embargo, se tiende a hablar de costumbrismo especialmente relacionado para los autores a partir del siglo XIX.

El costumbrismo, a diferencia del realismo con el que se halla estrechamente relacionado, no realiza un análisis de esos usos y costumbres que relata. Por tanto es un mero retrato sin opinión de esas costumbres, motivo por el que a menudo se habla de cuadros costumbristas para referirse a cualquiera de estas manifestaciones, no sólo a las pictóricas.

 

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[editar] Referencias

  • Bustos Tovar, José Jesús (coord.) (1985). Diccionario de literatura universal. Madrid: Anaya. ISBN 84-7525-369-9.

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